Toc toc Llull

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Han pasado ya ocho meses (y dos días) desde que Sergio Llull se quebró la rodilla en el pabellón Santiago Martín de La Laguna. El ídolo del madridismo está a punto de volver. Le queda muy poco, aunque algo más de lo que la gente piensa. Llull se lo ha currado muchísimo. Su vuelta a las canchas será muy emocionante.

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La cuenta atrás se ha activado. Ahora sí que Sergio Llull está a punto de volver a jugar al baloncesto. Él está ansioso por volver, sus compañeros están ansiosos por que vuelva, el "carrito del pescao" del vestuario está también ansioso con su vuelta y los aficionados andan aún más ansiosos con el día en el que puedan aplaudir otra vez a su ídolo. "Oye Blas, ¿va a jugar hoy Llull?", me preguntó un amigo un par de horas antes del Real Madrid - Joventut. "No, hoy no" "Vale, es que he tenido un mal día y no pensaba ir al Palacio, pero si regresa el mandarinas me voy para allá". El Palacio (sí, casi seguro Sergio regresará en un partido que se dispute en la calle Goya) se inundará de emociones ese día en el que el 23 se enfunde otra vez la camiseta de tirantes.

Pero no es inminente. Pronto, pero no inminente. Siempre he tratado de ser muy prudente con los plazos cuando me habéis preguntado durante estos ocho largos meses. Por varios motivos: primero, porque la verdadera información la manejan las personas de dentro. Segundo, porque en temas médicos los plazos de recuperación a medio-largo plazo no son rigurosos; y tercero y posiblemente más importante, porque pienso que un periodista debe ser muy meticuloso en este tipo de cuestiones. Según mis informaciones, Sergio Llull no reaparecerá en Fuenlabrada y tampoco durante la serie de cuartos contra el Panathinaikos. A partir de ahí, los blancos visitan al Estudiantes el 29 de abril y reciben al GBC San Sebastián el 6 de mayo. Insisto, mucha prudencia. Pero si la evolución es buena este último puede ser el choque señalado en el calendario.

La gestión de la lesión de Llull ha sido impecable por parte de todos los actores implicados. El jugador ha trabajado (y está trabajando) como una bestia, abrazándose a una disciplina espartana y obedeciendo cada pauta que le asignaban los profesionales. Sergio es muy querido por los auxiliares del Madrid, que en algún caso concreto lo adoran, lo quieren con locura. No lo han dejado solo jamás, organizándose para poder cubrir las ausencias provocadas por los numerosos desplazamientos con el equipo. Ejemplar el trabajo de los fisioterapeutas, médico y preparador físico. Éste último se ha quitado muchas horas de sueño para trabajar junto a Llull apenas unas horas después de aterrizar en Barajas tras jugar en Moscú, Atenas o Estambul. El trabajo en equipo ha sido extraordinario. Los profesionales del club han establecido la sinergia perfecta, creyendo sin ambages en el trabajo del compañero. Lo mismo que Llull, que a pesar de su frustración y sus incontrolables ganas de adelantar el tiempo sabe que todo lo que se ha hecho ha sido por el bien de su rodilla. Además, los responsables de la sección de baloncesto del Real Madrid han huido en todo momento de la tentadora presión y han liberado a la estrella del equipo de cualquier responsabilidad. Que vuelva sano. Que vuelva bien. Lo demás importa poco.

Recuperarse de un cruzado no es solo regresar. Es activar el protocolo de prevención más completo posible para minimizar el riesgo de recaída. Y eso es tiempo y trabajo, no hay muchos más secretos. Llull ha trabajado muchísimo. Y hoy, más de ocho meses después de agarrarse con fuerza su rodilla derecha postrado sobre el temible parqué lagunero, Sergio está físicamente más fuerte que nunca. Se ha cuidado al máximo y se ha alimentado con una disciplina admirable, respetando una profesión que lo echa muchísimo de menos. Solo le queda volver a competir. "El proceso natural nos hace pensar que esta temporada no va a llegar para ser decisivo, pero con este tío vete a saber", confiesa un compañero suyo. Toc toc. Llull llama a la puerta. Y su enorme mérito y gran muestra de madurez es que ha aguantado la necesidad interior de derribar esa puerta a machetazos. Se acerca un momento inolvidable. Se cocina la gran ovación de todos los tiempos. El ídolo del madridismo ya está aquí.

 

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