Raúl Suhett se estrena como autor de PoblaFM con su crónica personal del Rayo-Girona

"¡Mi Rayo ha vuelto!"

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Para Raúl Suhett era como un regalo de cumpleaños. Este aficionado rayista de origen brasileño y residente en Barcelona -una combinación sin duda única- fue el particular "enviado especial" de PoblaFM en Girona. Así vio la primera victoria de Míchel fuera de casa como entrenador del Rayo.

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La primera vez que fui a ver al Rayo no fue el mejor momento de la franjirroja: fue justo la peor derrota del equipo en el Campo de Vallecas delante del FC Barcelona en la ya lejana temporada 11/12. Hacía poco que me había mudado a Madrid y en aquel encuentro me enamoré del club y de su hinchada que no se rinde nunca, ni cuando todo parece caminar hacia el abismo. Cuando el Rayo entra en el campo con su espíritu real, todo es posible.

Ya hace mucho que volví a Cataluña y la noche del sábado visité Girona como parte de mis celebraciones cumpleañeras. Todas las esperanzas de comenzar mis 34 con una victoria estaban en las manos de los de Míchel que saltaron al césped de Montilivi con la tercera camiseta, la multicolor. Recordando ese momento, esa camiseta era la señal de que la fiesta estaba garantizada. 

Era la primera vez que iba a un estadio con la intención de escribir sobre el partido, así que tomé muchísimas notas sobre quién atacaba, quién remataba, quién era amonestado. Sin embargo, creo que Carlos Espada hizo un grandísimo trabajo en este sentido en su crónica para PoblaFM.

Mejor si explico que anoche había 6887 personas en el estadio del Girona FC de los cuales los rayistas no pasaban de las pocas decenas en un rinconcito del Gol Nord. Aunque pocos, los de Vallecas impusieron sus cánticos sobre los aficionados locales que, incluso, contaban con un refuerzo de niños muy ruidosos. La afición visitante supo leer el partido desde inicio y vio que era una noche para continuar la racha hacia la permanencia.

Estar en el campo viendo al Rayo y no poder animar ni sufrir ni opinar abiertamente porque estaba en mi personaje de cronista fue más sufrido que verlo desde la grada. Comencé bien, pero, a la medida que Comesaña, Trashorras y Javi Guerra marcaban los tres goles y Gazzaniga hacía las paradas que nos garantizaban los puntos que nos dejaban fuera de la zona de descenso, más difícil era no cambiarme al personaje hincha.

Me puse detrás del Gol Nord ya que quería estar al lado de los aficionados madrileños. Ya que no podía gritar ni saltar, por lo menos tenía la sensación de que otros lo hacían por mí. Por eso, los dos goles rayistas de la primera parte me cogieron lejos (10’ y 19’). Vi, eso sí, el tanto de Alcalá a cinco minutos del fin de la primera parte, pero no me molestó para nada.  Las sensaciones de que volvíamos a ver al Rayo de siempre ya me contaminaban.

La primera parte fue bastante emocionante, incluso sin la profundidad con la que se admira un partido desde detrás de la portería. Ambos equipos tuvieron muchas oportunidades, como reconoció Machín en su rueda de prensa al reconocer que el Girona tiró más, pero el Rayo fue más efectivo. 

Mi elección de estar en el Gol Nord se vio recompensada a los 59’. La segunda parte, no obstante, ya no tuvo tanta emoción. Los de Madrid intentábamos defender la victoria y los catalanes estaban demasiado nerviosos. Ya no había manera de que los gironeses se calmaran y de que los rayistas avanzaran con contundencia.

La entrada de Manucho justo después del tercer gol me llenó de esperanzas de que vería otro gol, pero el angoleño apenas tuvo oportunidades. La entrada de Baena fue la gran noticia: el número 8 se mostró ya recuperado de la lesión y fue importante en la contención de la (no muy ordenada) presión gironista. 

El partido ya se mostraba encarrillado y desde la afición madrileña ya nos sentíamos agusto para cantar “¡Sí se puede!” y para felicitarnos por la buena racha que empieza a sacarnos de la parte baja de la tabla. Eso lo corroboró otra vez Machín en su rueda de prensa diciendo que, si el Rayo hubiera jugado así toda la temporada, no estaría pasando tantos aprietos ahora. 

Al final del encuentro, dejé el talismán que es el Gol Nord y me fui a la sala de prensa a ver qué diría Míchel. Lo esperaba más radiante, más entusiasmado, más pletórico. No obstante, estaba bastante centrado. Creo que, tal vez, es mejor que se le vea contenido. Que deje las exaltaciones para los aficionados y las grandes celebraciones para los que cumplimos años. Dijo que la victoria –la primera a domicilio desde que asumió el puesto– es el resultado de un equipo que se vació dentro de campo. El espíritu de no rendirse nunca del Rayo que conocí hace años ¡ha vuelto!