Desde el Lateral de Butarque

Los Reyes del Mundo

Pobres pero muy honrados

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El CD Leganés cayó derrotado 3-1 en el Camp Nou pero, pese a esa derrota, me sentí muy orgulloso del conjunto blanquiazul. Desde el Lateral de Butarque analizo lo que es ser de tercera clase, y pasar con sus pros y contras 90 minutos en la primera clase del trasatlántico de La Liga, haciendo mi particular homenaje al Titanic, y a su película, en la semana que se hundió.

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Esta semana se cumplirán 106 años del hundimiento del Titanic, el trasatlántico más lujoso del mundo donde se mezclaban clases elitistas junto a personas más humildes que buscaban una oportunidad de trabajo en los EEUU. Situación muy similar que viven muchos equipos de nuestra liga en la actualidad al compartir idéntica competición junto a los clubes más poderosos del mundo.

Seguro que recordarán como en la exitosa película de 1997, Jack Dawson salvaba la vida de Rose DeWitt y, como agradecimiento, fue invitado a codearse junto a los ricachones de la primera clase en una gran cena, cambiando para la ocasión su vieja ropa por un elegante esmoquin. Una situación que en esta liga viven los equipos más modestos dos veces por temporada, como esta vez fue el caso del CD Leganés. El equipo de Asier Garitano se puso sus mejores galas para asistir a esa gran cena del Camp Nou, y durante los 90 minutos que duró la velada fueron disfrutándola de menos a más, con un primer tiempo que el entorno de las altas esferas los tuvo cohibidos, traduciéndose en una desventaja de 2-0; y un segundo tiempo que afrontaron con nada que perder pero muchísimo por ganar y, por ello, se gustaron sobre el césped azulgrana con grandes destellos, y cuando llegó el gol de El Zhar que abría de nuevo el partido, el Leganés empezó a soñar con poder conquistar alguno de los puntos en juego como si fuese el amor de Rose.

Sin embargo, el hecho de que el pasajero más humilde de la tripulación de este trasatlántico liguero le plantase cara al FC Barcelona, al no dejarles realizar el fútbol que acostumbran a hacer, es algo que no sentó nada bien a esos comensales tan adinerados que, entre otras cosas, no saben poner de manera correcta el escudo del conjunto blanquiazul; y se dedicaban a mirar a los pepineros por encima del hombro, como fue el caso de los comentaristas de la plataforma que retransmitió este partido (por suerte estaba la opción de sintonizar Onda Madrid en dicha plataforma), o de una famosa tertuliana de un programa nocturno que se dedicó a menospreciar y criticar equivocadamente la manera de jugar del Lega porque, si se fijaron, Asier Garitano no utilizó la línea de cinco como en otras ocasiones, sino a 4 defensores y un solo centrocampista de contención; por tanto, en ningún momento vimos ese autobús puesto como ella dijo. Es lo que tiene cuando se les acostumbra a que el Girona o Paco Jémez les jueguen en plan kamikaze.

Nabil El Zhar celebra en el Camp Nou el gol que alimentaba las ilusiones pepineras de puntuar (Foto: CD Leganés)  

Para seguir con las similitudes, ambas historias muy bien no es que terminasen. Mientras que el Titanic se acabó hundiendo en el Atlántico, un tal Leo Messi hundía, ayudándose del brazo, todas las posibilidades del Leganés de puntuar en el Camp Nou, haciendo que al principio sintiese frustración de no haber podido sumar aunque fuera un punto. Pero una vez que De Burgos Bengoetxea señaló el final sentí orgullo. Orgullo de un equipo que no salió goleado como muchos se esperaban, orgullo de competir de tú a tú aun teniendo un presupuesto que no cubre el salario de algunos jugadores culés. Orgullo por esos valientes aficionados que, pese al elevado precio y la ubicación de la localidad, se desplazaron hasta Barcelona, y se hicieron notar de manera camuflada en las gradas del Camp Nou con el gol de El Zhar, cuando lo fácil era verlo en el bar con los amigos o en casa con tu pijama y las pantuflas. Y orgullo porque, pese a que a algunos medios les moleste que el Leganés se codee junto a los más poderosos viendo día a día sus ninguneos, casi con toda seguridad los blanquiazules dejarán, un año más, el cochambroso camarote de tercera clase para disfrutar otro par de veces de todos los lujos en la parte noble de este trasatlántico liguero.

Como también, y para finalizar, me siento más orgulloso cada día que pasa de poder viajar con mi abono de tercera clase, cual si fuese Jack Dawson, y poder sentirme el rey del mundo desde el lateral de Butarque.

Foto portada: CD Leganés.