#QuédateEnCasa

Yo tuve un sueño

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Mientras el mundo llora por las víctimas del Coronavirus y buscan soluciones para detener la pandemia, los jefes del baloncesto buscan una manera para acabar con la temporada sin tener en cuenta las opiniones de jugadores, equipos y aficionados.

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Anoche soñé que el confinamiento terminaba. Mi país iba recuperando poco a poco la normalidad y mi querido y añorado baloncesto, volvía a las canchas y la emoción de competir por los títulos, volvía a latir en lo más profundo de mí corazón. Y el día que comienza la competición, recupero la rutina de preparar el trayecto al pabellón, sin pensar en que se juega una competición mientras que la otra sigue parada. Camino feliz, porque he superado el coronavirus, sin haber tenido síntomas, y que mis familiares más cercanos, han tenido los mejores cuidados en los mejores hospitales. Llego al pabellón con mí media hora habitual de adelanto, buscando saludar a mis compañeros de grada. Aún no han llegado, suelen venir con la hora de comienzo más cercana, así que les sigo esperando. Miro el marcador y observo que en la plantilla de mi equipo, faltan algunos jugadores. Alguno porque sigue enfermo de Coronavirus, otro porque tiene que cuidar a sus familiares y el resto porque en su país, todavía no se les permite desplazarse. No importa, mi equipo es el mejor de Europa y ganará con una sola pierna. Además, en el equipo rival no juega su estrella, fallecido la semana pasada por la pandemia.

Va a empezar el partido. Pregunto a mis compañeros de grada por el resto de compañeros que no han llegado. Me dicen que unos no vienen por miedo al contagio, otros porque ya lo han pasado y no quieren contagiar a nadie. El resto, desgraciadamente tiene la cabeza aun en el virus que tantos días nos ha traído de cabeza durante este tanto tiempo y no va a disfrutar de la vuelta al baloncesto en directo. Pienso en ellos, “estarán bien, lo verán por televisión. Porque al fin y al cabo, son los que más ingresos dan a mi equipo”. Comienza el partido, se pone difícil y empiezo a criticar a mi entrenador por no sacar a los mejores jugadores. Ahora recuerdo, que estos jugadores no están convocados, pero me da igual. Mi equipo debe ganar a ese equipo de presupuesto inferior que osa a arrebatarnos lo conseguido en la primera mitad de la temporada. Critico al jugador que falla dos tiros libres y que hubiese preferido quedarse en casa como lo hace su pareja o su familiar que observa como el deporte donde ellos juegan, ha sido aplazado o directamente, suspendido. Llegamos al descanso con derrota y absolutamente enojado, miro mis redes sociales buscando el mismo cabreo en el resto de la gente.

Pero solo veo menciones al dichoso Coronavirus y todo el desastre social y económico que ha hecho en el mundo. No entiendo porqué la gente no ve mi baloncesto, porqué no comparte mis quejas y porqué siguen hablando de algo que yo no he tenido que pasar y he seguido las instrucciones que mi gobierno me ha ordenado realizar. El partido termina y mi equipo consigue remontar en la segunda parte para llevarse la victoria. Yo estaba convencido, porque mi equipo es el mejor y hemos ganado, pese a las bajas de 3 o 4 jugadores que no han podido disputar el encuentro. Orgulloso de ser aficionado de un equipo campeón, preparo mi crónica del partido. Extensa como siempre, con fotos y videos incluidos, además de mencionar la poca cantidad de público existente y la nula animación de las peñas del club. Me voy a la cama confiado en que mi artículo tendrá mucho éxito, será mencionado en los mejores programas de televisión y radio, quienes están deseando que mi deporte fluya. Además, debo aprovecharme del tirón que tiene ahora el baloncesto, porque el resto de deportes sigue detenido, como mi país, que no permite a ningún habitante desplazarse fuera de sus fronteras.

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Hoy ya me he despertado. Resulta que todo lo que pasó anoche, fue solo un sueño. Estoy escribiendo desde la habitación de mi casa, tras el merecidísimo y nunca agotador aplauso a todas las personas que nos cuidan y protegen de esta horrible pandemia. A duras penas, el mundo entero sigue luchando por eliminar la enfermedad, cerrando todas las actividades de ocio y no fundamentales. Gracias a dios, mis familiares y amigos están bien, aunque tenga que lamentar alguna pérdida de algún ser querido. Mientras desayuno, intento comprender el sueño de anoche. No fue real, pero hay dirigentes del baloncesto que buscan una solución parecida. Buscan juntar a todos los equipos en una misma sede, en un corto periodo de tiempo, jugar a puerta cerrada y otorgar el título de campeón a un club. Un club, que puede encontrarse ahora en un ERTE, con jugadores infectados o cuidando a sus seres queridos, que siguen enfermos. No les importa si tu liga se puede disputar, si tú puedes acudir al arena o a tu equipo les faltan jugadores. Si ese equipo no acepta jugar cuando ellos quieren, serán sancionados. Por algo se les paga por victoria o título.

Tuve un sueño. Realmente fue una pesadilla. Pensé como un empresario, que no quiere perder su inversión económica y su negocio sin pensar en el protagonista principal, el balón naranja. Y para que el balón naranja pueda botar, tiene que haber unos jugadores en el campo, alineados por un cuerpo técnico y animados por una enorme masa social en la misma cancha, mucho más apasionados que aquellos que siguen el baloncesto por televisión. Pero el empresario les puede obligar, desatendiendo a los consejos de la OMS y a las directrices de cada país. La competición, estaría adulterada, se juegue en mayo o en agosto. Yo soy el primero que quiero tener baloncesto de competición ya mismo, pero también soy el primero en reconocer que el baloncesto es un deporte global que influye en todo el mundo. Seamos conscientes, de que el baloncesto, como nosotros, está enfermo de Coronavirus y cuando el mundo haya superado la pandemia, el baloncesto también lo habrá logrado y volveremos a disfrutar de nuestro deporte con el contador a cero empezando una nueva temporada. Hagamos caso a los consejos de los profesionales sanitarios y a las normas dictadas por nuestros gobernantes, aunque no nos atraigan demasiado. No hagamos locuras ni actos irresponsables, de esa forma el baloncesto nos volverá a dejar soñar, por victorias y títulos, pero despiertos.