Jorge Matamoros, corazón burelense y alma gallega

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El fútbol sala le llevó hasta Galicia para que demostrase su valía y ahora Jorge Matamoros disfruta de una segunda juventud en el norte de la provincia de Lugo. El pívot madrileño es uno de los ejes sobre los que gira el proyecto del Pescados Rubén Burela, un club ejemplar tanto fuera como dentro del campo.

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Lo intentaste.
Fracasaste.
Da igual.
Prueba otra vez.
Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.

A pesar de que Samuel Beckett -premio Nobel de Literatura en 1969- no era la persona más optimista del mundo, este fragmento de su obra Rumbo a peor (1983) se ha convertido en un mantra positivo para aquellos que se fijan más en el camino y en las enseñanzas que este da que en el resultado final. Quizá la vida no sea nada más que eso: un fracaso continuo. El personaje de esta historia conoce lo que es estar tanto en el cielo como en el infierno y sabe que la estancia en cualquiera de los dos no es eterna.

Nacido y criado al sur de la Comunidad de Madrid, su camino hasta llegar a la cima nunca fue sencillo para él. Amparado en una pierna izquierda prodigiosa, Jorge Valhermoso Matamoros -Matamoros en el mundo del fútbol sala- fue escalando niveles poco a poco hasta convertirse en un jugador de referencia en el panorama en España. Sin embargo, la poca regularidad y una pizca de mala fortuna con las lesiones le devolvieron a la realidad poco tiempo después de tocar el cielo con sus propias manos.

Volvió a la tierra donde se hizo un hombre y empezó a forjar su nombre en los inicios y su decisión no pudo ser más acertada. Ahora disfruta de una segunda juventud en Burela, un pueblo lucense de menos de diez mil personas que destaca, sobre todo, por tener en la élite del fútbol sala nacional tanto a un equipo masculino como a otro femenino. De hecho, el conjunto masculino ha logrado el ascenso a Primera División tras dos temporadas en la categoría de plata.

Pescados Rubén Burela 2018-19: el éxito del partido a partido

Aunque ha sido crucial en la vuelta del cuadro mariñano a la élite del fútbol sala, él destaca que “la fortaleza de este Burela es el grupo, no hay ningún líder”. De hecho, cree que cada uno ha puesto su granito de arena y que la unión que ha existido entre todos ha sido brutal. “Cada jugador tiene sus características, y las intenta poner al servicio del equipo; yo, por suerte, tengo gol”, comenta entre carcajadas.

El club gallego se quedó a las puertas de subir la temporada pasada, así que este año el objetivo estaba claro desde el principio: lograr el ascenso. El trabajo de todo el equipo obtuvo su recompensa a final de temporada, cuando el cuadro burelense confirmaba su presencia en Primera División en la temporada 2019-2020 dos jornadas antes del término de la liga. El pívot ha querido destacar el esfuerzo de todo el equipo durante toda la liga, desde la pretemporada hasta el final: “La clave fue tener un grupo comprometido, trabajador y que tenía en la mente grabado a fuego que quería subir directo”.

Los jugadores burelistas celebran en el ascenso a Primera División | Imagen: Pescados Rubén Burela

El madrileño afirma que la temporada ha sido “de diez” y que el entrenador, Juanma Marrube, les instó a ir partido a partido, convirtiendo cada encuentro en una fecha decisiva para poder alcanzar la gloria al final. “A principio de temporada el míster nos citó el 1 de agosto y nos propuso jugar treinta finales; fuimos muy regulares durante el año y al final la regularidad te da campeonatos”, señala.

Los mariñanos son un ejemplo dentro y fuera de las pistas

El equipo masculino vuelve a la máxima división del fútbol sala español y esto supone un gran paso adelante tras estar dos años en Segunda División. El club lleva el futsal en la sangre y su apuesta por él no es simple artificio. Pescados Rubén Burela es el primer club que ha decidido crear un convenio colectivo para sus jugadoras del equipo femenino, lo que convierte a sus integrantes en profesionales de este deporte. De hecho, el convenio garantiza la renovación automática de las futbolistas en caso de que se queden embarazadas.

Matamoros y compañía han devuelto al equipo masculino al lugar de donde nunca se tenía que haber marchado. El ascenso es fundamental para el crecimiento del club a todos los niveles, como bien confirma el futbolista arancetano: “Este club se merecía el ascenso porque lleva apostando muchos años por este deporte y supone un salto de calidad en los ámbitos deportivo, social e institucional”. Asimismo, el ex del Azkar Lugo hace referencia a la dificultad de todo lo que está haciendo el club lucense, pues no miente cuando dice que “Burela es una localidad de diez mil habitantes, que cuenta con dos equipos en Primera División -uno femenino y otro masculino-, lo que refleja el gran trabajo y esfuerzo que hay detrás”.

Pero que nadie crea que el título liguero y el ascenso han sido fruto de la casualidad. La temporada pasada se quedaron a las puertas de volver a Primera División tras haber descendido el año anterior. Los mariñanos se quedaron en cuarta posición, a cinco puntos de Valdepeñas -segundo clasificado y equipo que ascendió directamente- y tuvieron que disputar el play-off ante el Betis. El cuadro andaluz les ganó los dos partidos de la primera ronda de las eliminatorias por el ascenso y el Burela cayó a las primeras de cambio.

¿Entonces qué ha cambiado de una campaña a otra? Jorge Matamoros lo tiene bastante claro: “Lo que más destacaría es la profundidad de banquillo, ya que el año pasado teníamos un equipo de diez jugadores, hubo bastantes lesiones y llegábamos a veces un poco justos de fuerzas; sin embargo, esta temporada hemos sido catorce y la profundidad de banquillo es importante para rendir al nivel que requiere cada partido”.

Galicia, tierra prometida para Matamoros

Pese a que no quiere grandes portadas ni distinciones, todos los que siguen al Pescados Rubén Burela saben perfectamente que el pívot madrileño es fundamental en el club gallego. Llegó procedente del Inter Movistar a principios del año 2013 por las pocas oportunidades que tenía en el cuadro alcalaíno y tardó muy poco en meterse a la afición burelense en el bolsillo.

Pescados Rubén Burela es el primer club que ha decidido crear un convenio colectivo para sus jugadoras del equipo femenino, lo que convierte a sus integrantes en profesionales de este deporte

Matamoros dejó su inconfundible sello nada más llegar. Su pierna izquierda y, sobre todo, su entrega en la pista lo convirtieron rápidamente en un ídolo en Burela. “Desde el primer día que llegué a Burela todos los integrantes del club y la afición me dieron un cariño que ningún equipo me había dado antes, y a día de hoy sigo recibiendo ese cariño”, confiesa.

El internacional español ya había demostrado su fútbol sala en Galicia, pues había jugado dos temporadas en el Azkar Lugo antes de firmar por Inter Movistar. Los dos años que estuvo en el club gallego sirvieron para consagrarlo como uno de los mejores pívots de la LNFS y para rendirse a la vida en tierras gallegas, así que no dudó ni un momento cuando tuvo la oportunidad de regresar: “Estoy enamorado de la calidad de vida que tenemos aquí, tanto mi familia como yo”.

Por tanto, su futuro pasa, como es obvio, por quedarse en Galicia, en su hogar. En Lugo forjó su nombre a fuego gracias a su portentosa pierna izquierda y Burela lo acogió con los brazos abiertos hace ya más de seis años cuando decidió marcharse de Alcalá de Henares. No piensa aún en la retirada pese a los 35 años que cumplirá en el mes de noviembre y solamente quiere “seguir disfrutando”, ya que no sabe “lo que pasará después”. Le quedan aún dos años más de contrato con el club mariñano y admite que su idea “a día de hoy” es retirarse en el equipo naranja, en la que considera “su casa”. Lo que sí tiene claro es que le gustaría seguir vinculado al deporte, pero aún no lo piensa porque quiere continuar jugando unos años más.

Pasito a pasito, golazo a golazo

La trayectoria de Matamoros en el fútbol sala profesional no ha sido fácil ni mucho menos. Fue, como la mayoría de los deportistas de élite, poco a poco. Subió escalón a escalón hasta alcanzar el éxito cuando ya era todo un hombre hecho y derecho. Formó parte del mejor Pinto de la historia, que en su debut en Primera División sorprendió a propios y extraños. Se vistió en más de una decena de ocasiones la zamarra de la selección española e incluso estuvo temporada y media en el club más importante de la historia del futsal de este país.

Brilló con esplendor con tan solo 20 años gracias a la potencia de su sempiterna zurda y a su capacidad goleadora en el FS Aranjuez, el equipo de su pueblo. De ahí dio el salto al Pinto FS, que había logrado el ascenso a la por entonces llamada División de Plata -segunda categoría nacional- la misma temporada que él se hinchaba a marcar goles en la localidad ribereña. A pesar de conseguir un meritorio sexto puesto con el club madrileño, el pívot arancetano se marcha al Olías Puerta de Toledo, también en la División de Plata.

Matamoros pugna con Gabriel en su etapa como jugador del Tien21 Punctum Millenium Pinto | Imagen: LNFS

A la temporada siguiente vuelve a la entidad pinteña, entre otras cosas por la falta de oportunidades en el club toledano. La campaña en líneas generales es mediocre, ya que ni él ni el equipo destacan sobremanera, pese a que es el máximo goleador -junto con Charlie- con trece goles. No obstante, la temporada siguiente el equipo dirigido por Juanlu Alonso obtiene un espectacular segundo puesto y juega el play-off de ascenso. Curiosamente, Matamoros y sus compañeros eliminan al Pescados Rubén Burela en la primera ronda al ganar los dos primeros partidos y hacen exactamente lo mismo con el Intersa Ibi en la segunda ronda, lo que les convierte en equipo de División de Honor. El ribereño es pieza fundamental en el ascenso, ya que acaba anotando esa temporada un total de 42 goles en 32 encuentros disputados.

El destino es inescrutable y once años después de esa eliminatoria de ascenso a División de Honor entre el conjunto pinteño y los lucenses, Matamoros ascendía con el Pescados Rubén Burela a Primera División de forma directa. Es imposible no buscar coincidencias entre los dos equipos, sobre todo cuando Matamoros es su nexo de unión. “Hay muchas similitudes entre un equipo y otro, pero si tengo que buscar alguna diferencia, aquel Pinto tenía más jugadores experimentados y este Burela tiene mucha juventud y hambre de ganar”, asegura.

Brilló con esplendor con tan solo 20 años gracias a la potencia de su sempiterna zurda y a su capacidad goleadora en el FS Aranjuez

Pero con el Pinto la cosa no se quedó ahí. El cuadro pinteño se estrenaba en la categoría de oro del futsal español con una espectacular sexta posición en la temporada regular. En los play-off por el título de liga, eliminaba al FC Barcelona Alusport en cuartos de final y caía con honor ante el Inter Movistar en semifinales. Gracias a su gran rendimiento, el pívot era convocado por primera vez con la selección española, que por aquel entonces ya dirigía José Venancio López, actual director técnico deportivo de fútbol sala de la Real Federación Española de Fútbol. Además, después de esa magnífica campaña que realizan los pinteños, Matamoros ficha en el verano de 2009 por el Azkar Lugo para dos temporadas.

Matamoros continuaba con su meteórico ascenso

A tierras lucenses llega con la vitola de internacional y de jugador consagrado en la LNFS a sus 24 años. En su primera temporada en Galicia, el pívot madrileño comparte vestuarios con jugadores como Mimi, De Bail, Adri, Rafa López o Miguel Muñoz. Incluso coincide con un jovencísimo Iago Míguez, con el que actualmente juega en el Pescados Rubén Burela. Esa campaña el Azkar Lugo no logra clasificarse para la Copa de España -disputada en Santiago de Compostela- y a punto está de disputar el play-off por el título, ya que se queda noveno con cuarenta puntos -los mismos que Carnicer Torrejón, octavo clasificado-.

No obstante, Matamoros ya ha dejado su sello en el fútbol sala español. Si con el Tien21 Punctum Millenium Pinto debutaba con la selección en dos partidos ante la selección de Holanda, durante su estancia en Lugo va introduciéndose poco a poco en los planes de José Venancio López. En abril de 2010 es convocado de nuevo con España para el torneo IV Naciones que se disputa en Arnedo (La Rioja). En el primer partido ante Japón no juega ni un solo minuto, pero en los dos siguientes -ante Rumanía e Italia- es protagonista e incluso anota un gol en la victoria de la Roja contra el combinado rumano.

El pívot madrileño lucha con José Ruiz en un partido con el Azkar Lugo | Imagen: LNFS

Al principio de la temporada 2010-11 vuelve a ser llamado para disputar dos amistosos contra la selección de Guatemala en sustitución de Fernandao, que se encontraba lesionado. En el primer encuentro -España gana 11-1- el pívot marca dos tantos mientras que en el segundo -victoria española por 10-3- anota otro.

Matamoros admite que el exfutbolista hispanobrasileño -al que reemplaza en dicha convocatoria- siempre fue una de sus fuentes de inspiración para seguir mejorando. “Me fijaba mucho en jugadores que jugaban en mi posición, así que me gustaba ver a Fernandao o Betao, que años atrás eran los mejores pívots”, explica. Asimismo, cuenta que tuvo la suerte de compartir vestuario con los dos. También coincidió con otros grandes jugadores de la historia del fútbol sala español. De Luis Amado y Álvaro -ambos ya retirados-, por ejemplo, destaca su liderazgo y su calidad, respectivamente. A Adri -actualmente en O Parrulo- lo recuerda por su facilidad para desbordar al rival y a Rafael Rato -flamante fichaje de Valdepeñas FS tras marcharse de Movistar Inter- por su inteligencia a la hora de interpretar cada momento del juego.

En marzo de 2015 sufre un desgarro del ligamento cruzado, una pequeña rotura en el menisco externo y un esguince en el ligamento lateral interno

Un mes después de esa llamada para los amistosos ante la selección guatemalteca, José Venancio López lo cita para el Grand Prix de 2010, una de las competiciones entre selecciones más importantes del mundo. Sin embargo, Matamoros acude con molestias en el pubis a la concentración y finalmente es suplido por Rafa Usín. A pesar de no poder jugar el Grand Prix, en el que España se proclama campeón -única vez en la historia que no lo es Brasil-, el seleccionador sigue contando con Matamoros, pues lo convoca para dos partidos amistosos frente a Italia en el mes de diciembre. El pívot disputa ambos partidos, aunque no destaca demasiado en ninguno de ellos.

Con el club gallego los números son algo peores que durante la campaña 2009-10, aunque muy similares. Esa temporada el Azkar Lugo tampoco disputa la Copa de España y se queda lejos de poder clasificarse para el play-off por el título, pues no supera el undécimo puesto en liga. No obstante, el pívot solamente había firmado por dos años y decide no renovar con los lucenses para dar un paso adelante en su carrera: fichar por el Inter Movistar.

No fue oro todo lo que relució en Inter Movistar

Durante la temporada y media que está en las filas de la entidad interista, el ribereño no disfruta de las suficientes oportunidades para demostrar su calidad. Pese a ello, en octubre de 2011 vuelve a ir convocado con el combinado nacional para enfrentarse a Eslovenia en dos partidos amistosos.

Su primera campaña en el Inter Movistar es extremadamente rara para el club madrileño. David Marín empieza en los banquillos por segunda temporada, pero es destituido en el mes de octubre por los malos resultados. Su sustituto, Chema Jiménez, intenta dar estabilidad al equipo y lo coloca en la tercera posición de la liga regular, por detrás de FC Barcelona Alusport y ElPozo Murcia. Sin embargo, el entrenador toledano es despedido justo antes del último encuentro de la temporada regular y Daniel Ibañes -segundo entrenador del equipo desde principio de temporada- es presentado como nuevo entrenador.

Daniel llega hasta las semifinales del play-off por el título, donde es eliminado por el FC Barcelona Alusport, a la postre campeón de la LNFS. Todo parecía indicar que el entrenador hispanobrasileño iba a terminar la temporada 2011-12 en los banquillos del Inter Movistar, pero sus padres y su hermana tienen un accidente de tráfico y se ve obligado a marcharse a Brasil.

Matamoros, en su presentación con el Inter Movistar | Imagen: LNFS

Dada la excepcionalidad de la situación, Inter Movistar anuncia la marcha de Daniel Ibañes y la llegada de Jesús Velasco, hasta ese momento entrenador de Caja Segovia. El técnico madrileño se hace cargo del primer equipo interista de forma inmediata y comienza a partir de ese momento una época de numerosos títulos para la entidad alcalaína. Debido a todos estos vaivenes, Matamoros no consigue asentarse en el equipo y no juega todo lo que le gustaría.

Si en principio la llegada de Velasco pudo suponer una grata noticia para los intereses de Matamoros, ocurre todo lo contrario. El pívot madrileño no cuenta con demasiadas oportunidades y a mitad de la temporada 2012-13 se marcha de nuevo a tierras gallegas, esta vez al Pescados Rubén Burela, donde sigue siendo a día de hoy un pilar fundamental.

Caer y levantarse, recaer y volver a levantarse: la historia de un luchador nato

Ahora parece estar viviendo una segunda juventud. Nunca mejor dicho. Su llegada a la élite del fútbol sala español no fue sencilla, pero estos últimos años tampoco lo han sido tanto en el plano personal como en el profesional. En marzo de 2015 sufre un desgarro del ligamento cruzado, una pequeña rotura en el menisco externo y un esguince en el ligamento lateral interno, lo que le tiene apartado en principio siete meses de las canchas de futsal.

Intenta volver durante la temporada 2015-16 y juega varios minutos en dos partidos con el Pescados Rubén Burela. Pero la lesión se agrava y tiene que volver a ser operado, por lo que se aleja de las pistas muchos meses más. Finalmente, año y medio después del inicio del calvario regresa totalmente recuperado en la temporada 2016-17 y juega más de quince partidos con lucenses. Aunque esa campaña es positiva para él personalmente por su vuelta, Pescados Rubén Burela acaba descendiendo a Segunda División.

Los burelistas se encomiendan a él para el ascenso inmediato a Primera División la temporada siguiente, pero la vida le vuelve a jugar una mala pasada. A finales de diciembre a Matamoros le diagnostican un tumor testicular del que se opera rápidamente. El madrileño vuelve a levantarse y cuatro meses después ya está de vuelta con sus compañeros. Por eso mismo, la grandísima temporada que ha vivido este año con el conjunto mariñano le sabe tan bien. “En el plano personal la temporada ha sido muy buena, después de los problemas de lesiones que tuve años atrás de lesiones y la enfermedad que pasé; necesitaba un año tranquilo, tener continuidad y sobre todo disfrutar en la pista”, reconoce.

Por lo tanto, Matamoros está ahora en uno de sus mejores momentos de su trayectoria profesional, sobre todo si tenemos en cuenta las lesiones y la enfermedad que le tuvieron fuera de juego durante tanto tiempo. ¿Es su mejor momento? Pues no lo puede afirmar con seguridad, porque ha llegado a ser internacional con la Roja y a jugar en el Inter Movistar, con el que además se alzó con una Supercopa de España. Así que es imposible que reniegue de ese maravilloso pasado: “Estoy en un buen momento, disfruto de lo que hago y tengo más experiencia, pero no sabría decir si ahora es mi mejor momento, ya que he tenido años muy buenos”.

Jorge Matamoros es la prueba irrefutable de que la vida golpea muy duro, pero siempre da segundas oportunidades. Luchó y luchó para llegar a lo más alto del fútbol sala y acabó consiguiéndolo a base de trabajo y muchísimo esfuerzo. Retornó a Galicia -tierra santa para él- para reencontrarse a sí mismo y demostrar su calidad con el Pescados Rubén Burela. En el pequeño pueblo mariñano ha vivido de todo ya: ascensos, descensos, lesiones… Incluso superó una de las peores enfermedades que puede sufrir el ser humano. Pero él no se ha rendido y ha vuelto por la puerta grande, como bien indica el número 10 que lleva en su espalda, al 40x20 y ha conquistado el corazón de los burelenses a base de infinidad de goles y mucha pasión. La magia del fútbol sala.