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El Estu de la marmota
El Estu de la marmota

El Estu de la marmota

Hace algunos días la cuenta de Twitter del Movistar Estudiantes recordó detalles de aquella semifinal de 2004 frente al Baskonia. El Estu se coló en la gran final de la Liga ACB tras un memorable quinto partido en Vitoria. Los Carlos Jiménez, Felipe Reyes, Nacho Azofra, Pancho Jasen, Nikola Loncar y compañía, comandados por un excelso Pepu Hernández, edificaron una página posiblemente irrepetible en la historia de la entidad del Ramiro de Maeztu. Aquella gesta tuvo continuidad con una final fantástica contra el Barça que se decidió en cinco duelos. En los últimos 26 segundos del partido definitivo en el Palau debutó un muchacho que quizá os suene, un tal Sergio Rodríguez, y le sobró tiempo para anotar una cesta colosal. Soy un privilegiado, ya que tuve la enorme suerte de estar allí para contarlo.

Recuerdo con muchísima emoción aquellos días. Revivo como si fuera ayer la cara de mi compañero técnico Vicente Martín (de esas personas que aunque se vayan, jamás se van) en las alturas del Palacio Vistalegre. Agarrado a sus equipos, rojo como un tomate, preso de un miedo real porque pensaba que nuestro pupitre de radio se venía abajo. 15350 aficionados ocupaban hasta la última baldosa libre del recinto carabanchelero. Y rugían. Y botaban. Y sumaban puntos. Pura intimidación incluso para veteranos del Vietnam como Bodiroga, Fucka, Navarro o el guerrero Nacho Rodríguez. Os juro por mi vida que aquello se movía. Pero no es una frase hecha, demonios. Es que el suelo temblaba de verdad. La atmósfera que vivimos en aquellos dos Estudiantes – Barcelona sólo puedo compararla con algún partido contado en Belgrado o Atenas. Fue acojonante. Tremendo. Y no encuentro por ningún lado el casete en el que grabé aquellos partidos.

Salva Maldonado

Total, que después de ver el tuit de la gente del Estu, me puse a pensar. Lo primero que debo decir es que el éxito deportivo casi siempre tapa los boquetes económicos e institucionales. Por aquel entonces el club colegial pagaba salarios inconcebibles. De hecho durante ese verano de 2004, tras el subcampeonato liguero, renovó contratos por cantidades indecentes. Y claro, de aquellos barros crematísticos viene el lodo imparable de la última década. Estudiantes entra en concurso de acreedores porque no paga. Sale del concurso y vuelven las deudas. El Estu de la marmota en los despachos deriva en el Estu de la marmota en el parqué. En aquella época las hordas de la calle Serrano se subían a la chepa de los trasatlánticos futboleros. Ahora afronta los derbis o viaja a Barcelona y Vitoria con el deseo de que el boquete no sea demasiada severo. Acumula ocho derrotas consecutivas en el Palau Blaugrana, once como forastero contra el Madrid y trece en catorce duelos en el Buesa Arena.

Posiblemente esto sea relativamente normal, pero no caer habitualmente contras escuadras de la parte media y baja de la clasificación. Posiblemente este verano se haya elegido mejor, con buenas apuestas en el Manager (Willy Villar), en el entrenador (Salva Maldonado) y en la estrella (Edwin Jackson). Posiblemente este proyecto necesite tiempo y algo más de fortuna con las lesiones. Posiblemente este artículo sea demasiado banal porque en los últimos años se han perdido muchos valores por las alcantarillas del Ramiro, y ése sí que es un problema profundo. Pero recordar aquellos maravillosos años del Estudiantes me ha inyectado una dosis de Bill Murray en las entrañas. Desespera asistir cada año al Estu de la Marmota.

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