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Un entrenador de Leyenda

El Real Madrid de Pablo Laso

Las épocas pasan, las estrellas se van retirando y dan paso a las Leyendas. Tras la retirada de Juan Carlos Navarro, recordamos al Barça que él hizo grande, y otros equipos vienen a nuestra memoria como el Partizan de Djordevic, la Jugoplastika de Kukoc o el Maccabi de Jasikevicius. Pero este Real Madrid sigue creando una época y su estrella no es ningún jugador. Es su entrenador, Pablo Laso.

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En 365 días, me he dado cuenta, de que prever la temporada siguiente de todo un Real Madrid, tiene mucho que ver con lo sucedido en los dos últimos meses de la temporada anterior. El verano de 2017, nos lamentábamos de las sendas derrotas tanto en Final Four como en la final de Liga Endesa. La ilusión de muchos, se vino abajo por tan “fatales” resultados. Ilusión que nada tiene que ver con la sonrisa y tranquilidad que muchos de ellos, disfrutan leyendo este artículo. La bondad de los títulos conseguidos no tiene que cegarnos en recordar que tenemos el mismo entrenador que en los últimos 7 años y se llegó a disputar solo un encuentro más que en toda la temporada anterior. Es evidente, que todos aquellos rivales que aspiran a recuperar el cetro de campeón tanto en España como en Europa, mejorarán su juego y sus plantillas, para derrotar al Real Madrid de Laso. Un Madrid entrenado por el mismo técnico, que decidió mostrar al mundo, su estilo de juego, allá por el verano del 2011. Resulta extraño comprobar, como un miembro técnico del Real Madrid lleve 8 temporadas al frente del equipo. Pensando de este modo, no me termina tanto de sorprender la famosa salida de Zinedine Zidane del banquillo del Santiago Bernabéu, pese a llegar a tener 3 años consecutivos llevándose el mayor cetro profesional de cualquier equipo europeo. El banquillo madridista quema, envejece el doble que cualquier otro, donde importa mucho el resultado, pero aún más el esfuerzo realizado por lograrlo.

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Laso vino al Real Madrid con esa idea, la de cambiar el estilo de juego y hacerlo suyo, sin darse cuenta, de que cambiaba el estilo del baloncesto europeo. Cuando reinaba en Europa el Barcelona de Navarro, el Maccabi de Jasikevicius o el Panathinaikos de Diamantidis, nació el Real Madrid de Pablo Laso. Dejó de confiar su suerte a los méritos de Felipe Reyes o Sergio Llull y buscó cumplimentarlos con otro tipo de jugadores, veteranos y noveles, que se aclimatasen a lo que el técnico vitoriano, quería mostrar al mundo. El baloncesto tenía que dejar de ser particular y convertirse en global. Saber reinventarse cada temporada cuando la poderosa NBA llamaba a tus puertas para arrebatarte a tus mejores jugadores. Pablo ha convivido con ese problema año tras año, junto con otro quizás mucho más desagradecido. El hecho de llevar al Real Madrid a lo máximo, ante la mirada de millones de personas, no solo aficionados, que reaccionan de distinta manera a cuál resultado o noticia que se da en la sección. Afortunadamente, Laso lo consigue. Lleva 18 títulos en 7 años, en 29 torneos oficiales, con 8 MVP distintos, con solamente cuatro jugadores aún en plantilla, que le sigue desde 2011. Hasta sus ayudantes han cambiado durante este trayecto. Muchos cambios, muchos jugadores, pero hay algo que no ha cambiado. El estilo que ha inculcado Pablo Laso en el Real Madrid, sigue siendo el mismo de su debut. Podríamos equivocarnos y creer que Pablo tuvo suerte en su primer año con los jugadores que tenía a su disposición. Pero después, el vitoriano, no ha fichado estrellas. Las estrellas se han ido yendo, como Sergio Rodríguez – MVP Euroliga 2014 – Nikola Mirotic – MVP Liga Endesa 2013 y Copa 2014 – o Luka Doncic – MVP Euroliga 2018, pero el talento ha seguido manteniéndose en el Real Madrid, ya no dotado de individualidades, sino de un grupo de amigos, una familia.

                            

La comunión entre equipo y afición, es otro de los logros de Pablo Laso dentro de su dirección técnica. Es innegable, que los resultados siempre ayudan a apuntalar este tipo de relación, pero no es menos cierto, que la afición madridista ha sabido valorar en su justa medida el esfuerzo realizado por su equipo. Hasta lanzarse a la yugular, de cualquiera que se atreviese a decir de un jugador tener un mal día o incluso una mala temporada. Qué mejor ejemplo, que esta temporada, que tan complicada se ha desarrollado por culpa de las malditas lesiones, entre ellas, del MVP de todo en 2017, Sergio Llull. Todo parecía estar en contra de los intereses madridistas por lograr realizar una gran temporada. Pero se ha sabido sufrir y llegar con opciones los días claves y terminar siendo finalista en Copa del Rey y campeón en Liga y Euroliga. Otro hecho que Pablo gestionó a las mil maravillas para dotar a su equipo del protagonismo que se merece. Enorme año de Luka Doncic, maravilloso final de temporada de Trey Thompkins, gran adaptación de Edy Tavares… etcétera etcétera etcétera. Pero el verdadero protagonista sigue ahí, año tras año. Dando la cara en los malos momentos y alabando a sus chicos en los buenos. Llegando al trabajo cada mañana preguntando con una media sonrisa, que jugador se ha podido recuperar para contar con él en el entrenamiento posterior.

Como si de Felipe Reyes se tratase, me he cansado de escuchar “fin de ciclo”. Que todo esto acabaría tarde o temprano, la bonanza de títulos decaerá y el “os lo dije” resonará como lava ardiente por las redes sociales. Todo aquello llegará, esperemos que sea muy tarde, y volveremos a gastar horas debatiendo, como llegar a recuperar el nivel ganador actual. Quizás necesites fichar a una estrella, deshacerte de algunos jugadores o finalizar el contrato de algunos veteranos. Pensaríamos en un cambio, pero no aceptaría dentro de ese cambio, un cambio de entrenador, puesto que Pablo Laso y su forma de ver el baloncesto, no solo ha devuelto al Real Madrid, a la élite baloncestística mundial, sino que ha devuelto la ilusión a todos aquellos aficionados, que, durante los últimos 8 años, se han vuelto a enganchar con el equipo de sus amores. Todo eso, no lo ha conseguido el Real Madrid, sino el Real Madrid de Pablo Laso.

Pablo Laso me ha enseñado a ver el baloncesto de otra manera. A descubrir que todo tiene un inicio y un final, pero donde tenemos que aprender a disfrutar del camino recorrido. Con diferentes protagonistas cada año, con sufrimiento, con lesiones, con fichajes y las lógicas adaptaciones al equipo. Me ha enseñado a contar cada crónica de cada partido, como un nuevo capitulo de una obra literaria que temporada tras temporada, está creando este Real Madrid de Pablo Laso. Que el comienzo, no tiene que parecerse al final. Que todos los jugadores cuentan, aquellos que suman más minutos al principio y pocos al final, además de aquellos que estallan en el tramo final de temporada. Sin unos y sin otros, este Real Madrid, nunca llegaría tan lejos. Y para ello, siempre tendrás que tener a un tío dinámico, intenso, sufridor, con carácter y de espaldas anchas, como director. Podrá tener buenos o malos momentos, ser más o menos discutido cada verano pero, de un tío que siempre empieza cada tweet con un “buenos días”, nunca podremos negar, de que se trata de una gran persona.

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