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El rugby femenino mola
El rugby femenino mola
Así disfrutamos del partido entre el madrileño Cisneros y el gallego CRAT

El rugby femenino mola

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Este último fin de semana me ha tocado vivir una nueva experiencia. Me tocó cubrir rugby femenino. La semifinal de la Liga Iberdrola entre Complutense Cisneros y el CRAT de A Coruña. En menos de 12 horas pasé de hacer un partido de voley de la Liga Iberdrola a seguir en la misma liga pero en otro deporte y con otro balón totalmente distinto. Estoy acostumbrado a hacer deporte femenino, incluso a participar de él, pues llevo ya unos cuantos años enseñando a niñas a jugar a voleibol. Pero este fin de semana me sorprendieron muchas cosas. Todas ellas fueron gratas y me apetecía contaros, a todos los lectores de PoblaFM lo que yo viví ayer, a pesar de que el resultado no fue el mejor posible para el conjunto madrileño. 

El encuentro de ayer fue especial. No solo porque fuese una semifinal sino por la cercanía que tenía el mismo con el 8 de marzo, el Día de la Mujer. Por eso y porque se lo merecen, el jefe de todo, Poblador, me mandó para allá. Llegué con tiempo para poder aparcar y dejar preparados los últimos detalles del encuentro. Lo primero que me llamó la atención fueron las chicas. Reconozco que mi imagen del rugby en general siempre ha sido de hombres y mujeres grandes y fuertes. Pero nada de eso, allí las protagonistas eran de todo tipo. Altas, bajas, muscularmente fuertes, menos fuertes, delgadas, más gorditas, había de todo. Y me llamó la atención porque como me dijo Marina Bravo al final del encuentro en la entrevista, cualquiera puede hacer este deporte, tenga el cuerpo o las condiciones físicas que tenga. 

Tras eso bajé al campo. Allí me recibió Marisol, la delegada del equipo. Enseguida que le dije que venía a cubrir el partido, no supo que hacerme. Su trato fue exquisito de principio a fin. Todo facilidades y siempre con una sonrisa en la cara, lo que se agradece porque además de facilitar mi trabajo hace que lo que voy a contar sea mucho más divertido. Y bueno, allí me quedé. Sentado en la grada sin saber muy bien lo que me esperaba. Conecté con la radio, me quité el abrigo porque comenzaba a hacer calor y me dispuse a preparar los últimos detalles antes de empezar el programa. Cuál fue mi sorpresa que cuando el partido iba a comenzar, las jugadoras suplentes se sentaban justo debajo mía. Imagínense, yo preparado para comentar un partido dentro del banquillo local. Algo totalmente impensable en cualquier otro deporte. No me imagino a ningún periodista sentado en el banquillo del Madrid o del Atleti o sentado en el banquillo del Estudiantes o qué se yo, en el coche del director del equipo ciclista de turno. Pues allí estaba yo, sentado con las chicas del Cisneros. Allí estuve de prinicipio a fin, viviendo con ellas todas las emociones que dio el encuentro. 

El partido comenzó muy bien para Cisneros. Un golpe de castigo y un ensayo sin transformación ponían al conjunto madrileño con 8-0 por delante. Las chicas del banquillo aplaudían y animaban a sus compañeras. Del juego me llamó la atención que no hay diferencias entre el rugby masculino o femenino. Es rugby, en unos juegan hombres y en otros juegan mujeres. En otros deportes se ve una diferencia técnica entre unos y otros, pero aquí no. Lo que me llevó a pensar que el deporte femenino no tiene tanta repercusión porque aún no hemos alcanzado la igualdad en la sociedad, por eso son tan importantes todos los actos que ellas llevan a cabo. Porque sinceramente, no vi diferencias sustanciales, las vi a ellas peleando a muerte por cada balón, frenando a su rival con placajes y pateando al balón sin tener nada que envidiar a nadie. Así que tras eso, me sentí muy contento por tener la posibilidad de darlas visibilidad, de estar allí contando su partido, de contribuir a que la gente conociese que estas chicas juegan al rugby y lo hacen de lujo. 

El sol apretaba cada vez más, y vaya si apretó, que estamos a marzo y ya me he quemado la cara y los brazos. El CRAT también apretó y se fue al 8-21 al descanso. Cisneros, o Cisneras como ellas mismas se animaban, apretó en la segunda parte. Rozó la victoria. Se quedó a solo un punto. Quizá los dos ensayos que no transformó. Pero ya no se podía dar vuelta atrás. Durante esa segunda parte varias cosas me sacaron de mi disfrute del partido. Una de ellas fue la juventud de muchas de las Cisneras. Algunas para mi niñas, quizá no pasasen de los 20 o 21 años. Niñas jugando de titular una semifinal de liga, y haciendolo de una manera fantástica. Cuantísimas horas de duro entrenamiento tendrán. Algunas por cierto, tremendamente doloridas y golpeadas porque el partido no fue nada fácil. La otra fue que en esa segunda parte aparecieron en la banda del marcador unas 30 o 40 personas con banderas y cantando para animar a las Cisneras. Incluso llegaron a petar una bengala azul para que el ambiente fuese más bonito. Pero,el partido terminó y Cisneros cayó en casa por un solo punto quedando eliminado en semifinales. 

Todo el mundo en la grada saltó corriendo al campo para animar a las chicas. Allí estaban todas con lágrimas en los ojos. Imagino lo complicado que debe ser estar una temporada entera trabajando para que tu objetivo se marche por solo un punto de diferencia. Lo complicado que debe ser hacer una temporada increíble, quedar segundas en liga, y caer en semis por un solo punto. Muy duro. A veces el deporte es así de duro. Pero sé que fue menos duro, porque todos los que estaban allí se pusieron a cantar y a agradecer a las chicas la temporada tan formidable que han hecho. Tras eso me tocaba coger a una protagonista. Marina Bravo. Los ojos rojos, las lagrimas la corrían por la cara, se las secó, puso su mejor sonrisa y me atendió como mejor supo hacer en un momento tan duro. Imaginense mi cara ¿qué la preguntas en ese momento? ¿qué puedes decirle a una jugadora que acaba de ver como su objetivo se va por tan poco? Recibí una lección porque ella, me sonrió y contestó a todo con una gran entereza. 

Y tras todo esto lo único que me queda claro, es que el rugby mola. El rugby femenino mola muchísimo y que las Cisneras son unas personas maravillosas y unas enormes deportistas que merecen todo lo bueno que las pase. Espero y deseo que la próxima temporada el rugby las devuelva lo que este año no les ha podido dar. Que su camino llegue a la gloria, porque lo merecen. Y por supuesto, merecen que contemos todo, lo bueno y lo malo, pero que lo contemos que las demos ese espacio que se merecen. La próxima temporada estoy seguro que volveré sino como periodista, lo haré como aficionado pero, volveré. 

Imagen portada: Lasteles.com

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