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Diego Manrique: el niño que soñó con ser Carlos Moyá

Descubrió el tenis cuando no llegaba a los diez años gracias a un amigo y a partir de entonces siempre fue pegado a una raqueta. Lucha, trabajo, esfuerzo o coraje son algunos de los adjetivos que describen a Diego Manrique, que gracias a este maravilloso deporte pudo cumplir muchos de los objetivos con los que soñaba cuando era pequeño y quería parecerse a Carlos Moyá.

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No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.

¿Quién no ha soñado nunca con ser como Roger Federer? ¿O como Rafael Nadal? Incluso los más enamorados del fútbol -a menudo demasiado centrados en dicho deporte y olvidadizos con otros menos masivos- han soñado alguna vez en ser como alguno de estos dos tenistas. O al menos, tener algún tipo de similitud. Por pequeña que fuera. A eso nos incita este poema atribuido a Mario Benedetti: a no dejar nunca de soñar, a intentar alcanzar nuestros sueños. Diego Manrique, el protagonista de esta bonita historia, soñó con parecerse a un tenista, pero a otro un poco anterior al suizo y al manacorí.

El primer contacto que tiene Diego con el tenis -con apenas ocho años de edad- es gracias a un amigo con el que comienza a jugar de manera desinteresada. Le sorprende la facilidad con la que puede desenvolverse en un deporte al que había llegado de casualidad. Así pues, a medida que va entrenando y jugando, se va aficionando cada vez más y más al tenis.

Se va dando cuenta poco a poco de que ese deporte es diferente para él. Le genera inquietudes distintas a las percibidas antes y, sobre todo, se percata de que no se le da nada mal para no haberlo practicado antes. Por lo tanto, no lo duda y decide apuntarse en el Club de Tenis Aranjuez para seguir aprendiendo. Con el paso del tiempo, el tenis comienza a tomar mucha importancia en su vida, hasta convertirse en una verdadera afición. La razón la explica él mismo: “La pasión por el tenis me surge al ver que, sin haber practicado antes, tengo una habilidad inusual para el tiempo de práctica”.

“Mi ídolo de pequeño siempre fue Carlos Moyá”

Camisetas sin mangas, equipado por Nike, media melena, cuerpo fornido, mallorquín… Todo parece indicar que la descripción coincide con Rafa Nadal, pero unos años antes de la irrupción del manacorí un tenista español extremadamente parecido a él se alzaba en 1998 con Roland Garros y llegaba a la final del US Open de 1999, en la que perdía con Pete Sampras. Ese es Carlos Moyá.

Aunque durante cierto tiempo, uno y otro fueron contemporáneos, Moyá fue uno de los responsables de poner la primera piedra necesaria para que el de Manacor construyese todo lo que ha construido en el mundo del tenis. Por eso mismo, Manrique tiene clara una cosa y contesta sin ninguna duda: “Mi ídolo de pequeño siempre fue Carlos Moyá, ya que coincide con una gran evolución en el tenis español donde empieza a primar mucho más el aspecto físico y se empieza a variar el estilo de juego que prevalecía anteriormente”.

De hecho, el mismo Diego Manrique se considera un discípulo más de ese nuevo estilo que comienza a predominar en el tenis español. Un estilo centrado en la fortaleza física, sin grandes alardes. “Siempre me he considerado un jugador caracterizado por la entrega y la lucha, sin ningún golpe más destacado que otro, pero con mucho coraje y entrega”, así se describe él mismo dentro de la pista, aunque es verdad que podría ser la descripción de cualquier de los miles de tenistas que pueblan las pistas a lo largo y ancho del país. Y esa es una de sus grandes virtudes, tan solo es un chico normal que siempre trató de disfrutar del tenis.

Ahora tiene 30 años, es técnico superior de actividades físicas y deportivas -además de tenista federado- y estudia el grado de fisioterapia. Diego Manrique siempre ha estado ligado al deporte, de una manera de otra, porque es un enamorado de él. Al margen de salir con sus amigos, la lectura o el cine, el deporte -en cualquier ámbito- es su mayor pasatiempo. El deporte y, especialmente, el tenis.

El comienzo de una hermosa amistad con el tenis

Desde que se adentra en el tenis, ya no lo dejará nunca más. Comienza a jugar en torneos por equipos con apenas nueve o diez años y poco después da el salto a  los individuales. En estos últimos logra unos resultados muy positivos, lo que le anima a seguir aprendiendo y a continuar compitiendo en el mundo del tenis.

Es en categoría cadete cuando la trayectoria de Diego Manrique empieza a llamar la atención, ya que el tenista arancetano prácticamente no deja de ganar en toda la temporada. “El punto de inflexión se produce en categoría cadete, donde consigo ganar más de 14 torneos en el mismo año”, comenta. La vida le seguía regalando momentos únicos en el mundo del tenis, un deporte que le empezó a gustar por puro azar.

Manrique se dispone a golpear la pelota con su revés a dos manos | Imagen cedida por Diego Manrique

Tiene la suerte de que el Club Móstoles Tenis se pone en contacto con él. El ribereño no lo duda ni un segundo y decide unirse al equipo mostoleño. Manrique ve en el Club Móstoles Tenis una gran oportunidad para dar un paso adelante en su carrera y para seguir creciendo como tenista y, también, como persona. Aquel niño que había descubierto el tenis con ocho años de edad desaparece para dar paso a un chaval con ganas de seguir disfrutando del deporte que lo apasiona.

Los focos de la élite nunca lo apuntaron, pero eso no le fue ningún impedimento para seguir disfrutando del tenis, el deporte que él ama. Su carrera es mucho más humilde y mucho más humana, ya que es uno de los millones de tenistas amateurs o semiprofesionales que juegan para disfrutar. También para ganar, pero sobre todo para disfrutar. Además, aunque no fuese de manera constante, Diego llega a saborear el profesionalismo en contadas ocasiones.

Unos inicios ilusionantes: su primer ATP Challenger y sus primeros puntos ATP

Con el Club Móstoles Tenis demuestra su gran calidad en poco tiempo. Tras contactar con él, le ofrecen jugar en la primera división por equipos que se disputa en la Comunidad de Madrid. Manrique consigue unos números espectaculares, ya que no pierde ni un solo partido en los tres años en los que compite en dicha competición.

Corre el mes de septiembre del año 2012. El club ve su progresión y decide otorgarle una wild card para disputar su primer torneo internacional. El ribereño debuta en el circuito profesional en el Torneo Omnia Tenis Ciudad de Madrid, un ATP Challenger en el que consigue derrotar por 6-0 y 6-2 a Raúl Martín en la primera ronda de clasificación. Sin embargo, cae en la segunda ronda de clasificación ante el ruso Alexander Rumyantsev.

Al año siguiente, Manrique estrena su casillero de puntos ATP. Si el mes de septiembre y la ciudad de Madrid ya eran importantes gracias a su debut en un torneo internacional, ese sentimiento iba a aumentar exponencialmente. En un torneo Futures disputado en la capital española, el tenista arancetano sumaba su primer punto ATP tras derrotar en primera ronda a Ricardo Villacorta clasificarse para los octavos de final. No obstante, iba a ser eliminado en octavos de final por Sergio Magro.

La pasión por el tenis me surge al ver que, sin haber practicado antes, tengo una habilidad inusual para el tiempo de práctica

Ese punto obtenido en el torneo F30 de España le da la oportunidad de alcanzar una clasificación en el ránking ATP, aunque sea de manera simbólica. Al margen de su carrera en el circuito individual, también disputa torneos en la modalidad de dobles. Disputa diferentes torneos Futures españoles hasta que en 2015 logra alcanzar en Majadahonda las semifinales del F10 con Pablo Vivero como compañero. A la semana siguiente en el F11 de Móstoles vuelve a llegar a semifinales en dobles, aunque ahora con Samuel Ribeiro. Además, en la modalidad individual llega hasta los octavos de final tras ganar a Miguel Semmler en primera ronda y consigue así un nuevo punto ATP.

En junio de ese mismo año viaja por primera vez al extranjero para competir tanto en individual como en dobles en el F2 de Bulgaria que se disputa en la ciudad costera de Burgas. En el país balcánico también muestra un gran nivel, ya que alcanza de forma individual los cuartos de final de un torneo Futures por primera vez en su carrera. El resto del año no exhibe su mejor forma y cae en primera ronda en los otros cuatro torneos a los que se presenta. No obstante, llega a las semifinales del cuadro de dobles del F29 de Madrid formando pareja con Alejandro Ibáñez Gallego.

Plovdiv y Martos, el cénit de su carrera

A pesar de los inconvenientes, del esfuerzo que conlleva la competición semiprofesional, Diego Manrique no se da por vencido y continúa luchando con tesón y sacrificio. En el año 2016 el deportista ribereño juega 22 torneos diferentes entre dobles e individual. En singles los resultados no son los esperados, pero en dobles sí que se lleva más de una alegría. Primero, como ya ocurriese el año anterior Pablo Vivero y él se cuelan en las semifinales del F10 de Majadahonda. Más tarde, en el mes de junio, hace pareja con el canadiense Martin Beran en otro torneo Futures en Plovdiv (Bulgaria) y llegan a la final, en la que pierden contra la pareja australiana formada por Steven De Waard y Scott Puodziunas. Este mismo año, de hecho, alcanza el puesto 1087 en el ránking ATP de dobles, su mejor marca.

Tras un año ajetreado, Diego tan solo disputa un Futures en Madrid, tanto en dobles como en singles, en el 2017. Cuando parecía que lo mejor ya había llegado para él y que no volvería al nivel que había mostrado años atrás, al año siguiente el tenista realiza un espectacular torneo Futures en Martos llegando hasta semifinales, donde cae frente a Sumit Sarkar. Este torneo, además de significar su mejor posición en un Futures a nivel individual, le otorga su mejor posición histórica en el ránking ATP, pues alcanza el puesto 1095. Además, le conceden una wild card para disputar su segundo ATP Challenger de su carrera en Sevilla, donde cae en la primera ronda de clasificación ante el belga Jeroen Vanneste.

Diego Manrique, justo después de realizar un saque | Imagen cedida por Diego Manrique

Aunque 2018 lo acaba con buen sabor de boca, vuelve a la competición regional y se centra en otro tipo de metas. Sin dejar de lado lo que consiguió antaño, sabe que quizá la época de las wild cards para los ATP Challenger ha terminado. Realmente eso no importa: a él le gusta jugar al tenis. Prueba de ello es que en 2019 sigue cosechando éxitos. En el Campeonato Universitario de Madrid llega a la final en singles y se proclama campeón en dobles junto a Yohann Dadoun. Un mes más tarde, consigue la medalla de bronce en el Campeonato de España Universitario disputado en Alicante. Además, a finales de 2019 se proclama campeón de Madrid por equipos con el Club Móstoles Tenis.

“El tenis es 80% mental y 20% técnico-táctico”

Tras tantos años dedicados al tenis, puede ver con perspectiva ciertos aspectos que rigen actualmente en dicho deporte. Desde que él empezó hace unos veinte años el tenis ha cambiado bastante, aunque hay algo que parece que no lo hace desde hace más de 10 años: el Big Three.

Nadal, Federer y Djokovic acabarán retirándose algún día y deberán dejar paso a una nueva generación que aún no ha dado el paso adelante que sí dieron los tres anteriores en su momento. Quizá, sobre todo, porque son tres de los mejores tenistas de la historia y su sombra es excesivamente alargada como para ponerse a su altura. ¿Quién recogerá el testigo de esos tres? Él tampoco lo tiene claro: “Desde hace dos o tres años se barajan muchos nombres como Tsitsipas, Thiem o Zverev, pero siguen siendo los mismos los que continúan en la cima”.

Diego ha disputado cientos de partidos. Sabe lo que es ganar y sabe lo que es perder. Ha vivido en sus propias carnes la miel del éxito y la amargura del fracaso. Así pues, sabe a la perfección la importancia de una gran fortaleza mental en el mundo del tenis y lo ejemplifica con Nadal. “Ahora mismo el tenis es 80% mental y 20% técnico-táctico, por eso Nadal es el mejor, porque técnicamente hay jugadores superiores a él, pero tiene una capacidad de leer los partidos que nadie tiene”, afirma. No se corta en elogios hacia al manacorí, al que califica como “un ser sobrenatural, capaz de reinventarse cada año y adaptarse a las exigencias y evoluciones del circuito”.

¿Realmente es tan importante la mentalidad? Por supuesto, y no solo se puede observar con el ejemplo positivo de Nadal, sino con el ejemplo de otros dos tenistas actuales que tampoco pasan desapercibidos, aunque por otro tipo de cuestiones. Nick Kyrgios es el nombre que a todos se nos viene a la cabeza cuando se habla de “comportamientos inadecuados”, sobre todo en un deporte normalmente muy educado y protocolario. Por eso mismo, el australiano es un rara avis en el tenis. Manrique no duda de su “talento innato para jugar al tenis”, pero se pregunta “si sería igual de bueno si fuese más ordenado y serio”. Sin embargo, ¿Kyrgios tendría tanta fama si solamente estuviese centrado en jugar al tenis?

Diego Manrique tampoco tiene la respuesta a esa pregunta pese a conocer de primera mano el nivel más “humano” del tenis profesional. La vida le puso el tenis en su camino sin saber que algún día ese chico de ocho años que cogía una raqueta por primera vez en su vida iba a ver su nombre en el ránking ATP o a disputar torneos internacionales. Al tenis llegó de casualidad, pero su trayectoria se la forjó a base de trabajo y sacrificio. Porque como bien dijo Michael Jordan, si uno se pone a trabajar, los resultados llegarán tarde o temprano.

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