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Leyendas del basket madrileño a las que no he visto jugar.  Capítulo 1
Leyendas del basket madrileño a las que no he visto jugar. Capítulo 1

Leyendas del basket madrileño a las que no he visto jugar. Capítulo 1

Es muy típico en estos días incierto en que vivir es un arte ver cómo gente que por edad no podemos tener recuerdos nítidos de determinados deportistas afirmemos tajantemente que eran los mejores, que son leyenda, y que les admiramos.

Mohammed Alí, Maradona, Abdul Jabbar… Nos han dicho que eran los mejores y, acríticamente, lo aceptamos. En muchos casos, habiendo visto únicamente la foto del KO a Frazier, los dos goles contra Inglaterra o una foto lanzando un skyhook.

Lo podemos llamar respeto a los mayores, postureo, ser víctimas del marketing o… asumir los lugares comunes del deporte a los que pertenece la categoría de las leyendas.

Así que me voy a sumar… pero hablando de basket madrileño, que pega más con PoblaFM. Voy a hablar de tres jugadores de leyenda a los que no, no he visto jugar. Porque cuando colgaron las botas, en el mejor de los casos, el baloncesto era esa cosa a la que iban mis primos con las entradas de Caja Postal que traía mi padre del trabajo.


GONZALO SAGI VELA
“El Gomas”, porque gustaba de jugar con el pelo engominado, era toda una metralleta en el Estudiantes de los años 70, donde jugó 10 temporadas antes de irse a Joventut y Caja de Ronda. En el Estu son típicas las sagas de hermanos, y Gonzalo era el mediano de la suya, con Alfonso y Jose Luis.

En la temporada 1971-72 fue el máximo anotador de la Liga Nacional española, con 22,9 puntos de media. ¡Y no había triples entonces! Desde entonces solo ha habido otros tres españoles como máximos anotadores de la liga española: en 1973 el alero del Breogán Alfredo Pérez, en 2006 Juan Carlos Navarro y en 2008 Rudy Fernández.

En la imagen de leyenda que me he creado de él veo a un tirador compulsivo. Balón que toco, balón que me juego. Pero sabiendo que daba igual tirar desde 4 metros que desde 8 que valía igual, y como también he visto fotos y vídeos en los que penetra con elegancia… debía ser indefendible.


FERNANDO MARTÍN
En Gigantes hace un tiempo el periodista Javier Ortiz hacia un ranking de jugadores historicos por provincias. Y llegada la papeleta de elegir al mejor madrileño de la historia, daba el galardón a Fernando Martín. Nadie se atrevió a discutirlo.

Y es que FM lo tuvo todo para ser leyenda: llevar siendo aún junior a un equipo humilde como el Estudiantes al subcampeonato de Liga; triunfar en un club tan difícil como el Real Madrid; ser básico en la histórica plata olímpica de Los Angeles 84, ser pionero español en la NBA cuando aquello era de verdad otro mundo; tener fama que superaba con mucho los límites de la cancha y dejarnos con una muerte trágica en accidente de tráfico.

Medía 2.05 metros, que sí es alto pero tampoco es ser un “siete pies”, pero en una época donde eran muy normales los físicos a lo Quino Salvo, Martín parecía, ya en esas fotos de junior en el Estu, una escultura griega. En el baloncesto de entonces era dominante.

En las fotos y vídeos se ve y adivina un tío “picao”, competitivo al límite.  Fajador, currante. Curiosamente, los cronistas de la época no suelen alabar su calidad técnica y sí estas otras características, así que probablemente en mi mente se un jugador más completo de lo que realmente fue, en comparación con el basket actual.

Pero es que cada cosa hay que juzgarla en su contexto. Y en el contexto de los 80, Martín debía ser la pera.


EMILIO SEGURA

Sólo jugó cuatro años en el Estu, entre el 63 y el 67, pero es leyenda por un partido concreto: el que –va a hacer esta temporada 50 años- le costó al Real Madrid de Pedro Ferrándiz el único título de Liga que no ganó. Y que no fue para los del Ramiro sino que voló a Badalona.

En la última jornada de la temporada 1966-67 el conjunto merengue se jugaba la Liga en La Nevera: debía ganar al Estudiantes, y si no la liga se la llevaba el Joventut. En un igualado encuentro, con 73-75 en el último minuto, Emilio Segura anotó sobre Clifford Luyk dos canastas de leyenda que fueron decisivas. Una de ellas supuestamente fuera de tiempo, pero el árbitro, Sancha padre, no se atrevió a anularla porque todos el Ramiro de Maeztu había saltado ya a la pista a celebrar la victoria.

Contado así no mola, pero es que si esta historia en lugar de en un instituto de la España franquista hubiera pasado en un uno de la Indiana profunda… habría una película de Hollywood sobre ella.

No ganó ningún título en su trayectoria deportiva. Pero Segura falleció el pasado año 2015, habiendo podido recibir hasta el último día el reconocimiento y cariño de su club y de su afición No en vano tiene una peña con su nombre desde 2001.


Si esto gusta… habrá más entregas recuperando a otras leyendas del basket madrileño… a las que no he visto jugar. Así que ya sabes… comparte si te ha molado.

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