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¿Formamos o hacemos competir?
¿Formamos o hacemos competir?
La duda existencial

¿Formamos o hacemos competir?

"Queríamos reproducir condiciones de partido", explica Smith. "En los entrenamiento solía poner a prueba a Jimmy Cowen, lo presionaba mandando a otros jugadores a buscar el try atacando la posición de Jimmy...era reproducir lo que podía pasar en un partido".

Añade: “Al crearles toda clase de problemas y situaciones aleatorias que debían resolver bajo presión, descubrimos que el aprendizaje a largo plazo era mejor. Si no se estiran los límites, no se aprende mucho…no tiene sentido evitar los desafíos.” 

Este fragmento de texto está extraído del libro Legado, el cual narra cómo llevaron a cabo los AllBlacks una transformación que les ha permitido ser el equipo, de un deporte colectivo, con el mayor porcentaje de victorias en toda su historia. Siempre ha existido el debate en los entrenadores de fútbol base sobre la formación y/o competición, debate que no entiendo porque para mí todo va intrínceso, todo es uno, y no se puede separar. 

Aún a día de hoy, se entiende “competir” por ir con contundencia, ser tosco y/o agresivo, ir fuerte a la disputa de balón, con la brega, la lucha, mientras que “formar” parece que sólo va asociado a valores, a una enseñanza más “blanda” como dirían algunos. Y creo que tal y como avanza la formación, cada vez me parece más absurdo este planteamiento, y carente de sentido. Sólo le encuentro una razón: Es el planteamiento en el cual se encubren, se regocijan poniendo excusas, quienes sólo saben decir “dale, dale”, y sin embargo no son capaces de diseñar planes de juego, entrenar la mente del jugador, y formarle no sólo para el fútbol sino para la vida (muy pocos llegarán al fútbol profesional, pero todos serán adultos el día de mañana).

¿Cómo entiendo yo esta duda, esta pregunta? De una manera muy sencilla: Quien mejor forma, mejor compite, y en consecuencia más se acerca a la victoria. Porque formar no es sólo reducirse a lo táctico, a los aspectos técnicos, físicos; es ir mucho más allá. Es pensar en los planes de juego que pueden encajar conforme a las situaciones que se producen durante el partido, para que el jugador sepa cómo gestionar esas situciones, ya no sólo a nivel motriz o de toma de decisión, sino emocionalmente. Pensemos en un detalle: durante un partido, los jugadores están tomando decisiones permanentemente, unas veces acertando y otras fallando. Ese mero hecho, aceptar el fallo como parte del proceso y no una penalización, ya forma parte de la formación que nosotros debemos dar a ese jugador. Indicarle hacia dónde refocalizar la atención, para que siga atendiendo al partido, y no esté pensando en la ocasión fallada, en la entrada realizada, o el pase errado. 

Creo que a veces miramos a la formación del jugador, al entrenamiento, con una visión muy reducida que nos impide ver, contemplar, múltiples aspectos que inciden en la formación del futbolista, lo cual va íntimamente ligado a su rendimiento en el terreno de juego. ¿Y qué hay del estrés competitivo? ¿Todos los jugadores se comportan igual? Hay quienes son capaces de estar leyendo un libro horas antes del partido, mientras que otros son incapaces de pegar ojo la noche previa al partido, por la propia tensión del mismo. ¿Acaso eso no es formación? ¿No está ahí nuestro papel como formador, como mentor, como líder, en todos y cada uno de los jugadores que componen nuestro equipo?. 

Siguiendo en la misma línea, ¿se producen las mismas interacciones entre unos y otros jugadores de un mismo equipo? ¿cuándo y en qué momento existe un mayor entendimiento? ¿por qué? ¿de qué manera afecta las relaciones personales que mantienen entre ellos, con la sinergia que se produce después en el terreno de juego? ¿hay aceptación por parte de todos hacia todos? ¿existe esa humildad de aceptar que necesitamos absolutamente de todos, para lograr un rendimiento extraordinario? ¿Atendemos como entrenadores a los elementos que afectan a estas relaciones, hacemos lo posible por integrar realmente a todos los jugadores, desarrollando el tan importante sentimiento de pertenencia?¿generamos el contexto de confianza imprescindible, para que exista un compromiso desmesurado por parte de mis jugadores no hacia mi, sino hacia el equipo?

Todos esos elementos forman parte de la formación, lo que sucede es que estos aspectos son intangibles, no se ven, y exigen de una grandísima capacidad de observación, análisis, reflexión, y puesta en común por parte del entrenador con todo su cuerpo técnico. Exige, además, un ejercicio poderosísimo de humildad, reconociendo que él sin sus jugadores, no es absolutamente nada, y por esta sencilla razón es tan importante el liderazgo en los equipos, en este caso, de fútbol. Porque no les quepa ninguna duda, el mejor liderazgo, es el que parece invisible, aquel mediante el cual el equipo fluye con una naturalidad extraordinaria que atiende a detalles ordinarios. 

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo 

Foto: Irene Yustres

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