ENTREVISTA A ALBERTO CRUZ HERNANDEZ, DELANTERO DEL CD LEGANÉS

Los pequeños detalles que marcan historia

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Siempre da el cien por cien en todo lo que hace. Toca el violín desde pequeño y podría llegar a identificarse con Morata. Hoy quiero que conozcáis un poco mejor al delantero del Juvenil A del Leganés. Alberto Cruz Hernandez

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Dice un proverbio chino que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Esto vendría a decir que todos los actos repercuten los unos en los otros. Yo no estoy segura de si el aleteo de las alas de una mariposa en China puede provocar una tormenta enorme en Nueva York. Pero si que creo fervientemente de que todo lo que pasa es por algo. Que un pequeño acto puede llegar a determinarlo todo.

Y si estos pequeños actos, a priori sin mayor importancia, no hubieran tenido lugar en la vida de Alberto quizá esta historia la estaría contando de manera muy diferente.

 

De hecho su camino tenía la intención de tomar una trayectoria muy distinta. De pequeño no solo jugaba al fútbol si no que también lo hacía al tenis. “Me gustaba mucho el tenis, de hecho tuve que elegir si optaba por el fútbol o el tenis. En el tenis también competía a nivel de comunidades y nacional y hubo un año que me dijeron que tenía que elegir uno de los dos porque no me daba la vida para más”. Y curiosamente la elección de Alberto no fue el fútbol, eligió el tenis. Pero una semana antes su padre ya había pagado la matrícula de ese año en el Moratalaz, equipo en el que jugaba por entonces. Decidió jugar un año más en el equipo y al año siguiente cambiarse definitivamente al tenis. Pero como bien decíamos la vida es caprichosa y las pequeñas decisiones pueden determinarlo todo. Y justo ese año fue en el que realizó una gran temporada, terminó yendo al Leganés y su vida siguió un camino totalmente diferente. Un camino del que a día de hoy no se arrepiente en absoluto, porque al final el futbol le ha dado grandes cosas.

Desde bien pequeño la mayor motivación para dedicarse al fútbol fue porque lo disfrutaba y lo pasaba bien. Y aunque a estas alturas sea a un nivel más profesional, no quiere perder ese espíritu ni dejar de divertirse con el fútbol. Y así empezó su recorrido. Disfrutando en el equipo de su barrio, en el Moratalaz. Equipo en el que coincidió con su actual compañero Mario Alonso y donde estuvo durante siete años hasta aquella estupenda temporada en la que aterrizó en el Leganés en Alevín A.

Al siguiente año, en Cadete B, estuvo en las filas del Real Madrid y en Cadete A volvió al Leganés. No duró mucho tampoco en esa ocasión porque ese mismo año se fue al Atlético de Madrid donde estuvo durante tres años. Tres años donde también vivió momentos increíbles al poder entrenar con el primer equipo. “Al principio estaba un poco nervioso porque te da respeto entrenar con ellos, pero es una experiencia para disfrutar. Y luego nos llamaron ese mismo año y al siguiente y tuve la suerte de que entrené con ellos como unas 10 o 15 veces. Fue una experiencia inolvidable”.

Y hasta ahora que ha vuelto a la que Alberto considera su casa, el Leganés. “Yo cuando pedí salir del Atleti tenía claro que iba a volver al Lega. Ya conocía a la gente, sabía que había muy buen grupo y además este año tenemos muy buen equipo. Lo tenía muy claro. El Lega siempre ha sido como mi casa.”

Su padre fue un referente total en el fútbol. De pequeño Alberto recuerda como bajaba con él a entrenar. “Al lado de mi casa hay un campo de fútbol de tierra y me bajaba muchas veces con mi padre. Él también era delantero cuando jugaba en el equipo de su barrio y pues me enseñaba alguna cosita”. Al igual que también le enseñó ese sentimiento y pasión por el fútbol. Y todo sea dicho, por parte de su padre, ese sentimiento colchonero que no todos pueden entender. “Mi familia siempre ha sido muy futbolera, sobre todo por parte de mi padre. Por parte de mi madre son todos muy del Madrid y por parte de mi padre muy del Atleti. A mi padre siempre le ha gustado mucho el fútbol y me ha llevado muchas veces a ver al Atleti al Calderón y yo creo que me ha venido un poco por ahí el amor por el fútbol”.

Y desde luego que bonito es el amor por el fútbol. Pero más bonito y puro es el amor de un padre por su hijo. Y si no que se lo digan al de Alberto cuando estuvo en las filas del Real Madrid. “Al principio me decía que me quedaba muy mal la camiseta del Madrid, aunque se acostumbró rápido. Fíjate lo que me quiere que hasta se hizo del Madrid del Cadete B” recuerda el jugador entre risas.

Siempre ha jugado como delantero. Lo suyo es lo de meter goles y ese quiere que sea su papel en el equipo. “Me gustaría que fuese el papel de goleador, sería lo idóneo, esta temporada no se están dando las circunstancias pero queda la segunda vuelta”. Pero ese niño que jugaba en el Moratalaz tenía otros planes en la cabeza. Y no, no estoy hablando del tenis. Si no que Alberto siempre quiso jugar de portero. Admiraba a jugadores como De Gea o Courtois y de hecho tenía más guantes de portero que botas de fútbol. Lo tenía clarísimo... o al menos de niño. “ Ahora que veo que la gente tira más fuerte y te puedes hacer más daño no lo veo tan claro, pero de niño si” confiesa riendo. “Siempre que se ponía malo el portero me ponían a mi. Y el otro día justamente lo hablaba con un amigo de mi hermana que fue mi entrenador de pequeño. Yo le pedía que me dejara ser portero y él siempre me decía, mira... ponte de delantero que se te va a dar mejor. Así que si me retiro y juego con los amigos me pondré de portero”.

Y ya sea de portero o no, podría aventurarme a decir que su corazón es mitad blanquiazul, mitad rojiblanco. Ya que puestos a soñar Alberto sueña a lo grande. “¿Puestos a soñar? Me pondría en el Atleti ganando la Champions. O quizá siendo un poco más realista, aunque seguiría siendo muy complicado, soñaría con estar en el primer equipo del Lega. Poder debutar, que el Lega suba... o bueno, que lo subamos nosotros a primera”. Sueños que estoy segura que muchos pepineros y colchoneros firmaríamos ahora mismo.

Pero volviendo a la realidad, si tuviera que elegir un recuerdo bonito ese sería en el año de Cadete A, su último año en el Leganés antes de marcharse al Atleti. “Hicimos muy buen año y nos seleccionaron a varios del equipo con la madrileña. Para mi en ese momento, que había tenido el año anterior en el Madrid una temporada bastante mala, me acuerdo que me hizo mucha ilusión el poder viajar y representar a tu comunidad autónoma”.

A día de hoy Alberto está en la universidad estudiando la carrera de Administración de empresas. Si él pudiera elegir tendría muy claro que se ganaría la vida con el fútbol, pero sabe que es un camino muy difícil y que no siempre se puede conseguir. “Sería mi sueño poder ganarme la vida con el fútbol. Pero soy consciente de que es más probable que en un futuro puedas ganarte la vida con un trabajo fuera del fútbol que con una carrera en un equipo de primera. Mis padres siempre me han inculcado que el fútbol es el plan B. A mi siempre me han impuesto, y me parece lo mejor, que tenga siempre presente los estudios, que me saque una carrera. Y elegí ADE porque siempre me ha gustado el tema de la economía, el dinero, la bolsa... Me gustaría tener mi propia empresa o trabajar dentro de una empresa más grande. Todavía no se exactamente en que campo, si contabilidad, marketing... eso lo tengo que decidir estos años.”

El fútbol le ha enseñado a no rendirse, a trabajar a su máximo nivel y a esforzarse en todo lo que hace. Y es que al final ese niño que quería dedicarse al tenis y jugar de portero con sus amigos ha descubierto que el fútbol lo es todo para él. “Sacrificas un montón de cosas, estar con tu familia, amigos, son muchas horas, muchos viajes... pero lo que te da... conocer compañeros, las sensaciones dentro del campo, torneos partidos. Es lo mejor. Vale la pena”.

 

Y si hay alguien que le acompaña siempre en el terreno de juego es su abuelo. “Mi abuelo falleció. Nos avisaron dos días antes de que había fallado el tratamiento y que iba a ser la última vez que le íbamos a ver. Ahí fue cuando le di cuatro besos en la mano y le prometí que los goles que marcara se los iba a dedicar”. Y así ha sido desde entonces. Cada vez que nuestro delantero mete gol, se da esos cuatro besos en la mano para dedicárselos a su abuelo. Pero hubo un gol esta temporada que fue más especial que ninguno. Un gol que, en esta ocasión, no solo se lo dedicó a su abuelo.

Esta primera fase de la temporada no ha sido la mejor para los pepineros. Han conseguido salvar la clasificación en el último suspiro y encaran la siguiente fase con una actitud muy diferente. Y para Alberto hubo un partido que supuso un punto de inflexión tanto a nivel colectivo como individual. “Yo creo que fue el partido de vuelta contra el Santa Marta, supuso un cambio de actitud y nos dimos cuenta que luchando todos juntos podemos estar más arriba, donde creemos todos que debemos estar”.

Y precisamente ese gol tan especial que comentaba, llegó en este partido. En el último minuto y para conseguir el empate. Pero lo más importante y a nivel individual, en un momento para Alberto realmente importante. “Esa semana justo fue una semana muy complicada. Ingresaron a mi abuela en el hospital y falleció el viernes. Yo hablé con el míster y le dije que contase conmigo, que iría al tanatorio el sábado, pero que quería jugar”. Y ¿por qué hacerlo en un momento tan delicado para él? Sencillamente por su abuela. Para darle el mejor homenaje que le podía dar. “A mi abuela siempre le había gustado mucho el fútbol y como a ella le hacía mucha ilusión que marcase muchos goles y se los dedicase consideré que lo mejor era ir. Jugué muy poco, diez minutos, pero ese gol fue más que un gol porque fue en el noventa”. Y también porque ese gol fue por ella y para ella. “Había sido una semana dura y al igual que esos cuatro besos son para mi abuelo, en ese caso fue también para mi abuela. Ese cambio de pensamiento en el equipo ha sido gracias a ella”.

 

Quizá en un mundo paralelo, en uno donde la mariposa no hubiera agitado sus alas, estaríamos viendo a Alberto montar su propia empresa, jugando al tenis o quien sabe. Lo que es seguro, es que en cualquiera de estos mundos, sus abuelos le cuidan y están tremendamente orgullosos de él. Y en un futuro, ya sea pepinero o colchonero, espero que le podamos ver dando esos cuatro besos en su mano y en primera división.