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¿Para qué estamos los entrenadores en el Fútbol Base?
¿Para qué estamos los entrenadores en el Fútbol Base?
El crecimiento del jugador

¿Para qué estamos los entrenadores en el Fútbol Base?

"Por ejemplo, yo veo lo que hacen otros entrenadores en Pre-benjamines, Benjamines, Alevines, juegos como el pilla-pilla con una duración de 15'...¿15'? Yo creo que sería mucho mejor aprovechar, en esas edades, para que aprendan lo básico: cómo posicionarse en el campo, cómo deben estar perfilados, que sepan controlar el balón correctamente, el golpeo, porque luego así pasa, que llevan un lastre de aprendizaje que cada año se incrementa."

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Así se desarrollaba la conversación que teníamos mi amigo, mi compañero de viaje en estos tres últimos años en el fútbol, Rubén, y yo, cuando nos marchábamos a casa después del entrenamiento con nuestro equipo. ¿A qué se le da importancia en el fútbol base? Desgraciadamente, a ganar, sólo y exclusivamente a ganar, a cualquier precio, y la enseñanza de lo básico, de lo mínimo, de los gestos y posiciones que permiten al jugador crecer quedan demasiado pronto olvidados porque sólo interesa ganar, para la promoción del entrenador, esa es la cruda realidad. 

Sólo de esa manera se entiende que en cadetes, juveniles, veas déficits en los gestos técnicos, en los posicionamientos tantos individuales como de todo el colectivo, de cosas tan básicas como los controles, cómo realizar un control orientado, la colocación del cuerpo para cubrir el balón dificultando que lo intercepte el rival; todo lo que antes se daba por hecho porque te lo enseñaba la calle dejó de ser un hecho y ya es una imaginación porque los niños no saben hacer ese tipo de gestos, hay que enseñárselo, y hay que entrenarlo desde pequeñitos porque es cuando mejor y más se aprende, es el momento más adecuado para dicha enseñanza. 

Y sin embargo, desde esa edad se empuja a meter el mayor número de goles, da igual la manera, hay que meter goles. Patadón, una buena tuerca al rápido, al grandote, y que marque todos los goles posibles, cuantos más mejor, y si humillo al rival, mucho mejor todavia, más diferencia de goles. ¿Qué más da si eso no sirve al año siguiente o dentro de dos? Ya ese jugador no estára conmigo, porque yo quiero promocionar a Autonómica, o División de Honor. Se habla mucho del famoso “ego del entrenador”, y no va nada desencaminado el tema, les explico por qué y cómo veo yo todo esto desde mi posición de entrenador/formador/educador de personas (ojo, antes que jugadores son personas, no se olviden). 

El primero, y con esto engancho con la conversación que justo ayer mantuve gran parte de la tarde con una gran persona como es David, que debe ser un acto profundo de humildad es el entrenador porque es quien debe adaptarse al equipo, saber los jugadores que tiene delante, cómo les gustaría jugar a ellos, con quien juegan más cómodo cada uno de ellos y por qué, cuándo se producen las tan importantes sinergias que permiten que todo el equipo respire, actúe, como un solo ser. Porque eso, queridos entrenadores, es un equipo, eso sí es un equipo, y por eso es tan sumamente difícil el armado de un equipo, ensamblar, acoplar, colocar, situar todas las piezas en un puzzle humano tan sumamente complejo. 

Y sin embargo, estamos hartos de ver cómo los entrenadores tratan de imponer sus ideas, su modelo de juego, su metodología, pero…¿por qué hacer eso? ¿por qué ir contra-corriente? o incluso mejor dicho, contra natura. Porque quienes van a jugar son ellos, sus jugadores, los que tiene delante de usted todas las semanas, esos son los verdaderos protagonistas de este deporte tan bonito pero a la vez tan complejo. Por tanto, no impongan, porque a mí lo que me dan a entender con esa imposición es que ustedes, entrenadores, van buscando la medalla, anotarse el tanto de que su equipo juega como ustedes quieren, no como les gustaría a los chicos ni como probablemente más cómodos estarían. Porque no miran por el equipo, miran por ustedes y su reconocimiento. 

A muchos les encanta organizar auténticos campos de laboratorio en cada entrenamiento, con miles de vallas, picas, y un sinfín de material; pero luego sin embargo están viendo com hay dos, tres, cuatros, y hasta cinco jugadores que están completamente desconectados del equipo, del grupo, que necesitan de un soporte, de herramientas por su parte como técnico experto que es, para que se sientan que están dentro, que forman parte de este equipo, que su sentimiento de pertenencia y compromiso al mismo es el adecuado, o mejor dicho, el necesario para lograr que su equipo sea eficaz y permanezca cohesionado. 

No nos olvidemos, el mejor líder no es el que más se ve, sino precisamente lo contrario, el que se mantiene invisible en un segundo plano mientras todo el equipo es el absoluto protagonista en cada sesión de entrenamiento, en cada partido de competición. Pero para eso, más que un experto en fútbol, es preciso ser un experto en personas. Es algo que conviene recordar a menudo, y estoy plenamente convencido que el grado de felicidad de nuestros jugadores incrementaría, llevándonos esto de manera…¿inesperada? al éxito y reconocimiento que con tanta ansia buscan algunos. 

Me viene a la mente reflexionando este tema, unas líneas buenísimas que nos dan toda una lección de en qué consiste construir un equipo:

“Oír lo nunca oído es una disciplina necesaria para convertirse en buen gobernante-aseguró el maestro-. Solo cuando aprende a prestar atención a los corazones de las personas, a oír los sentimientos que no comunican con la palabra, los dolores sin expresar y las quejas no habladas, el gobernante puede albergar la esperanza de inspirar confianza al pueblo, comprender si algo está mal y satisfacer las necesidades verdaderas de los ciudadanos. Oír lo nunca oído…Se trata de una aptitud que todos los miembros del grupo necesitan, no solo el líder. En el caso del baloncesto, los estadísticos cuentan las asistencias que realizan los jugadores o los pases que conducen a anotar puntos; por mi parte, siempre me ha interesado más que los jugadores se centren en el pase que conduce al pase que conduce a los puntos. El desarrollo de esa clase de conciencia requiere tiempo pero, una vez que la consigues, lo invisible se torna visible y el partido se despliega ante tus ojos como si fuera un relato.” (Phil Jackson)

¿No es maravilloso? En cierta medida, es verdad puesto que cada partido es una historia completamente diferente, un relato completamente distinto del que pudiera darse la semana anterior, y que probablemente nada tendrá que ver con el próximo que tenga lugar dentro de una semana. ¿Saben por qué? Porque lideramos personas. Nosotros, los entrenadores de fútbol base, los formadores, educadores, no podemos considerarnos dirigentes o administradores de una plantilla porque eso sería un grave error por nuestra parte, o al menos es como yo lo considero. A mi juicio pienso, creo, que debemos ser grandísimos líderes, tops en el trato con personas, en el manejo de la conversación, de la escucha, del autocontrol, el ejemplo diario, para así mostrarnos predecibles, congruentes, y consecuentes; porque estos tres aspectos son los que nos llevan a generar entornos de confianza, de credibilidad. Porque es precisamente ese contexto de confianza lo que genera compromiso en tus jugadores, compromiso no contigo (que también), pero más importante aún con el equipo, con el compañero que tienen a su lado que es con quien van a jugar, con quien van a pelear por un objetivo, por unas metas, por unos logros personales, deportivos. Porque todo empieza y termina en la persona. 

Porque como bien dicen estas líneas: “El mejor atleta desea que su adversario esté en su mejor momento. El mejor general entra en la mente de su enemigo…Todos encarnan la virtud de la no competición. No se trata  de que les desagrade competir, sino de que lo hacen con espíritu lúdico.” No lo olvidemos nunca, nuestros jugadores buscan ante todo aprender y disfrutar con un juego que les apasiona lo cual no tiene por qué ir separado de ser competitivo, es más, creo que hay muchos que están equivocados separando todo porque como bien dice el golfista Miguel Ángel, “cuanto más disfruto, mejor juego”. El problema aparece porque no se sabe gestionar, liderar personas, sino más bien mandar desde la autoridad que te da el cargo, lo cual es una triste pena tratándose de entrenadores de fútbol base, de formadores. 

Termino con la última de las reflexiones, y es que porfavor todas las personas que son entrenadores, entrenadoras, recuerden la tremenda responsabilidad que tenemos porque desconocemos cuántos de esos jugadores y jugadoras terminarán convirtiéndose en jugadores, jugadoras de élite. Ahora bien, lo que tengo muy claro es que todos y todas terminarán por ser personas adultas. Creo que con esta reflexión queda dicho todo. Espero y deseo que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo. 

 

@PCavaHarinero

 

Foto de Irene Yustres

 

 

 

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