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Una historia de orgullo y dedicación
Una historia de orgullo y dedicación
ENTREVISTA A ÁNGEL CHAVARRÍA, LATERAL DERECHO DEL CD LEGANÉS

Una historia de orgullo y dedicación

Se identifica con jugadores como Jordi Alba o Marcelo. En su vida, la pasión por el fútbol no se queda corta. Conocemos al lateral derecho del CD Leganés

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Normalmente llevamos una vida tan ajetreada que no nos paramos a apreciar las cosas. Descubrir nuevos libros, nuevos hobbies, incluso nuevas personas. La situación que vivimos ahora me ha permitido descubrir a alguien. Quizá no cara a cara. Pero si como se expresa, como piensa, como siente las cosas. Así ha sido como he descubierto a Ángel Chavarría.

 

El fútbol ha estado en su vida desde el principio. Desde bien pequeño empezó a jugar en el equipo de su barrio, el San Roque de Barajas. La vida le siguió guiando por el fútbol, pasando después por el Canillas hasta llegar a la cantera del Real Madrid. Dos años que le enseñaron tanto la parte buena del fútbol como a luchar contra las adversidades. Tras eso, estuvo durante cuatro años en el Getafe y entonces llegó al que ahora es su equipo. El CD Leganés. Su tercer año y todo el recorrido que le queda.

A sus 18 años, sabe que nada de esto habría sido posible sin todo el apoyo que ha recibido de dos figuras tan importantes como sus padres, que siempre le han ayudado a pensar con sensatez y a labrarse un camino que le aporte algo. Pero hay alguien que siempre ha sido fundamental en su vida. Su abuelo Manolo.

 

 

Fue uno de sus mayores apoyos. Un segundo padre que le enseñó a luchar por lo que quería. Le llevaba a los entrenamientos todos los días. Él siempre quería estar ahí, apoyando a su nieto y dándole ese empujón que todo niño necesita.“Quiero demostrarle que él ha sido fundamental para mi. Si llego arriba tengo claro que tiene que ser por él”. Y aunque por desgracia el cáncer se lo llevó, nunca se ha ido del todo.

Dicen que solo muere lo que se olvida y está claro que para Chava su abuelo nunca va a faltar.

Siempre que salta al terreno de juego lo hace con el pie derecho y con su abuelo en mente. Tiene tatuada una cruz en el antebrazo izquierdo y siempre que sale al campo la besa, se santigua y mantiene un pequeño diálogo interno con su abuelo, para que le de toda la fuerza que pueda desde donde esté.

 

Y su abuelo tuvo que estar bien orgulloso, cuando desde arriba, le vio entrenar con el primer equipo. Uno de los recuerdos más bonitos que le vienen a la mente. Un chaval de unos 17 años, dando una vuelta con sus amigos y que de repente recibe una llamada para ir a entrenar con la élite del fútbol. Solo de recordar aquella llamada se percibe como se emociona. “Cuando recibí la llamada solo pensaba que eso no me estaba pasando a mi. Llamé a mis padres emocionadísimo pensando que me estaba pasando algo con lo que había soñado. Y es una experiencia única. Las dos veces que he subido me lo he pasado increíble, un nivel de fútbol altísimo”. 

Aprender de la mano de jugadores como Oscar Rodri, Jonathan Silva o el Pichu Cuellar son situaciones que no todo el mundo tiene la oportunidad de vivir. “Es algo que no voy a olvidar jamás. Me acuerdo hasta del número que me dieron que fue el 34” recuerda el jugador blanquiazul.

 

 

Se nota que este chico tiene la cabeza bien amueblada. Uno de esos que sabe jugar en equipo, que prefiere dar asistencias que marcar goles. Potencia, velocidad e inteligencia. Una combinación brutal dentro del terreno de juego. Una persona perfeccionista y ambiciosa en el campo. Competitivo. Luchador.

Y que importante es tener a tú gente que te apoye. Igual de importante que es en tú vida, como en el club. Y de eso en el vestuario los pepineros van sobrados. Un ambiente realmente bueno, un club muy cercano en el que te puedes sentir como en casa. “Todo queda en familia, están muy pendientes de ti y el entrenador se preocupa por los jugadores. Sabe cual es el momento para las bromas y también para ponerse serio” nos cuenta Chava.

 

Pero no siempre es tan sencillo conseguir llegar a la cima del fútbol. Lo bueno es que vive con los pies en la tierra. Su vida siempre ha estado ligada al mundo deportivo, por eso decidió estudiar la carrera de ciencias de la actividad física y el deporte. Porque si no es posible dedicarse al fútbol, sabe que en el mundo del deporte será feliz. Le gustaría trabajar como preparador físico, rehabilitador o readaptador y una vez teniendo ahorros y experiencia suficiente, montar su propia empresa de deportes. Y tal y como tiene de claras las cosas y la pasión que le pone a todo, es difícil creer que no lo conseguiría.

 

Pero, ¿si le preguntamos por un sueño a largo plazo?. Llegar a jugar en primera división, llegar a la élite del futbol. “Eso sería un sueño increíble y quiero que mi abuelo lo vea desde arriba” confiesa. Chava lo sabe, este deporte para él son valores. Valores de sacrificio, esfuerzo y constancia. De esta manera cuando tenga la oportunidad. Antes o después. Mejor o peor. Pero lo demostrará. Él tiene muy claro su camino. Lo que yo tengo muy claro es que su abuelo puede estar realmente orgulloso de él.

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