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Atienza, el lugar donde se para el tiempo

En los confines de la provincia de Guadalajara, muy cerca ya de las vecinas Segovia y Soria se levanta el fabuloso Castillo de Atienza y recorriendo la ladera sobre la que está asentado uno de los pueblos más hermosos de esta tierra castellana.

Debéis subir al castillo aunque las cuestas os hagan dudar y aunque lo más razonable sería hacer la subida en coche, yo os recomiendo que lo hagáis paseando por las calles medievales de un pueblo que conserva su dignidad que no su poderío medieval siendo una Villa que salvaba reyes.

Casi en el punto más alto de Atienza está su cementerio, junto a la iglesia de Santa María del Rey. Cementerio de poetas y no porque en él, que yo sepa, haya enterrado alguno. Muy pocos lugares en el mundo ofrecerán unas vistas tan inspiradoras como este. Seguro que a Machado no le hubiera importado descansar allí. Castilla en su máxima expresión: llanuras, montaña, marrón, amarillo, verde y caminos que surcan esta tierra dura, extrema, hermosa y para curar el olvido en soledad.

Castilla de Atienza

Todo parece haberse detenido en Atienza, que huye de la modernidad. El ayuntamiento no tiene web, no tiene Instagram y solo cuenta con una modesta, pero muy informativa web www.turismoatienza.es , como anuncio de la era digital. Nos cuentan las malas lenguas que los atencinos no quieren abrirse al mundo exterior, que quieren seguir como antaño. No necesitan más.La nota variopinta la ponemos los viajeros y turistas que cruzamos el Arco de Arrebatacapas para no olvidar Atienza jamás. Somos los únicos que rompen la monotonía, nosotros y escuchar por sus silenciosas calles música de más allá de los Pirineos y del Estrecho de Gibraltar. Recuerdos de la tierra de los jornaleros del siglo XXI.

En una jornada

Atienza es un pueblo pequeño que se puede visitar en una jornada, pero a los viajeros nos gusta hacer noche en un lugar como este, enclavado en la Ruta del Cid y en el Camino de Santiago. Sentirte protegido por su fortaleza mitad roca, mitad muralla. La fuerza de la naturaleza y la del hombre unidas para hacerte sentir que estás a salvo. Ver sus diferentes luces y prácticamente la misma vida a lo largo del día. Nosotros dormimos donde hace más de 20 años probamos unas de las mejores lentejas de nuestras vidas: la Fonda Molinero. El cambio de propietario no ha cambiado el establecimiento: habitaciones austeras, limpias y con lo necesario para una estancia corta.

Vista de Atienza desde el Castillo

Si vuestra estancia es más larga, tranquilos, hay panadería y supermercado. Y bares, dos que nosotros viéramos abiertos en la Plaza de España, ideales para comer de raciones o platos combinados. Casa Encarna, situada en un rincón bucólico junto a la iglesia de San Juan Bautista y la oficina de correos, también es un buen lugar para degustar comida más elaborada. Una tienda, la de una valiente madrileña que decidió hacer las “Atienzas” y reformar una casa del siglo XVI en vivienda y su sueño: Trigo Limpio, recuerdos de sal y de miel. Recuerdos con mucho gusto de alguien que quiso ser “paleta profesional”.

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Restaurante Santamago en Sanchinarro

La Plaza del Trigo, del Mercado, de Bruno Pascual Ruilópez, da igual el nombre porque lo importante es su belleza impuesta por su arquitectura tradicional de soportales, cal, columnas y pilares vistos; y por su majestuosa Iglesia de San Juan Bautista. Románico, gótico y renacentista en las muchas y admiradas iglesias de la Villa como corresponde a su esplendoroso pasado. Desde San Bartolomé, que alberga la impresionante capilla barroca del Santo Cristo de Atienza, hasta San Salvador, pasando por la de San Juan Bautista, Trinidad, San Gil y Santa María del Rey. Seguro que os da tiempo a visitar más allá de la carretera el ábside gótico del convento de San Francisco y la ermita del Val.

Atardecer entre ruinas

A un cuarto de hora en coche en dirección a Sigüenza, pasado el pueblo de Imón y antes de llegar a la pedanía de La Barbolla, el alma se cae a los pies cuando ves las ruinas de las Salinas de Imón, de cuya sal y otras salinas alcarreñas salió el dinero para construir, por ejemplo, la Catedral de Sigüenza. Los romanos ya sacaban sal de ellas, pero fue en el siglo X cuando se construyeron y, según se dice, fue la que tuvo mayor producción en España. Sus once siglos no han valido para cuidarlas y mantenerlas y no dejar que se vayan a la mierda con un abandono deplorable.

El Ayuntamiento de Sigüenza ha dado el primer paso para recuperarlas y lanzar su candidatura al Patrimonio de la Humanidad. País de extremos, de la nada al todo. Hasta que veamos eso, podéis seguir disfrutando de lo que la mano del hombre no ha podido destruir: uno de los atardeceres más bellos del planeta, el sol reflejando los colores de su ocaso sobre la sal de las piscinas y convirtiendo el mundo en un rosa pálido, absolutamente maravilloso. Si os gusta pasear por el campo podéis hacer un paseo de una media hora entre Imón y la Barbolla con el castillo de Riba de Santiuste en el horizonte. Atienza, el lugar donde se para el tiempo.

Atardecer en las Salinas de Imón
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