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¡Felices ochenta, Don De Niro!
¡Felices ochenta, Don De Niro!
Aficionado al fútbol y admirador de Raúl González Blanco

¡Felices ochenta, Don De Niro!

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A estas alturas de la película (nunca mejor dicho) resulta muy difícil, por no decir imposible, escribir algo nuevo sobre Robert De Niro. Ya que decir que, el dos veces ganador del Oscar se encuentra, por lo menos, entre los tres mejores actores de todos los tiempos, no es precisamente descubrir la pólvora. Puede que en las dos últimas décadas haya estado un poco más desaparecido, pero dudo que, por muchos años que pasen, los amantes de la gran pantalla vayan a olvidarse de este monstruo de la interpretación.

En mi caso, descubrí al señor De Niro tal y como aparece en la portada del artículo. Era un cinco de enero de 2016 y, como muchas noches de reyes, vi con mis padres una película para calmar esas ganas de regalos que provoca en un niño la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar. Esta fue, ni más ni menos, que “Los intocables de Eliot Ness”, cuyo comienzo muestra a Al Capone siendo afeitado mientras concede una entrevista a la prensa. No sucede nada del otro mundo, pero despertó en mí una especie de fascinación que se iría acrecentando cada vez que este hombre entraba en escena a lo largo de la cinta.

Nunca había visto un villano que llenase la pantalla tanto como lo hacen los “buenos”. Quizá Eli Wallach en “Los siete magníficos”, pero desde luego ninguno como el que estaba viendo aquella noche. Fuera el motivo que fuera, el caso es que le tomé la matrícula a ese italoamericano que tan bien había dado vida al gánster más famoso de Chicago.

Tras este episodio fue solo cuestión de tiempo que el señor De Niro se colase dentro de mi particular top de actores preferidos. El cual, aunque siempre vaya a estar dominado por mis incondicionales del buen cine clásico, tiene un hueco para él y para otro señor llamado Tom Hanks. “Uno de los nuestros”, “Heat”, “Taxi Driver”, “Casino”, “El Cazador”, todas ellas y alguna más que me dejo en el tintero fueron pasando por mi televisión tarde o temprano. Unas me iban gustando más que otras, pero él nunca fallaba. Era y es lo más parecido que ha tenido el cine a un camaleón. Por mucha memoria que haga, creo que no hay ningún registro que le quede por tocar. Ha reflejado absolutamente todas las caras del ser humano con la misma facilidad que tenía Raúl González Blanco para meter un gol. Porque sí, encima es del Madrid y muy fan de ese “7”. De ahí la comparación.

La verdad que este símil futbolístico me viene de perlas para explicar a los que no le tengan demasiado controlado, lo que significa Robert para el séptimo arte. Es un Maradona, un Cristiano, un Messi, un Pelé. Es decir, alguien irrepetible en su profesión. Porque vendrán buenos actores, desde luego. Todos sabemos que al final el cine siempre se las apaña para tenerlos, pero que no saldrá ninguno como él es un hecho. Como se dice ahora, no tengo pruebas, pero tampoco dudas. Y es que al igual que no ha habido otro John Wayne, ni otro James Stewart, ni otro Gary Cooper, tened por seguro que nunca habrá otro Robert De Niro.

 

 

Foto de portada de Pinterest

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