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"El cumpleaños de las películas"

‘La ventana indiscreta’: Cine desde una habitación

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Un lisiado en silla de ruedas, una ventana, y el patio trasero de una comunidad de vecinos fue todo lo que necesitó Hitchcock para regalarnos esta obra de culto que en pocos menos de un mes cumplirá la friolera de setenta años. Vale sí, el lisiado era ni más ni menos que Don James Stewart, pero eso no quita que sea digno de admirar lo poco que le hizo falta a Alfred para construir una de las cintas más originales y entretenidas del séptimo arte. El director inglés logró que “La ventana indiscreta’ fuera cine desde una habitación.

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Basada en un relato de Cornell Woolrich titulado “It Had to Be Murder”, La Ventana Indiscreta ha sido a menudo calificada como el ejercicio más perfecto de voyerismo que se ha llevado nunca a la gran pantalla. Con toda la razón del mundo, dicho sea de paso, puesto que el nivel de cotilleo del protagonista alcanza por momentos el de aquellas tres abuelas de Aquí no hay quien viva de las que estoy seguro todo el mundo se acuerda.

En este caso, el cotilla es L.B. Jefferies, un fotógrafo al que un accidente le ha obligado a estar en silla de ruedas durante dos meses y cuyo único pasatiempo es el de espiar a sus vecinos. Una joven bailarina, un pianista solitario, una mujer que no encuentra el amor y un matrimonio que duerme en un balcón son algunas de las figuras del patio que Jeff observa día sí y día también. Sin embargo, una mañana algo rompe esa cotidianeidad. La mujer de su vecino de enfrente, postrada en cama por enfermedad, ha desaparecido de la noche a la mañana, y éste ha empezado a actuar de manera sospechosa. Sus reiteradas salidas nocturnas con una maleta misteriosa ponen en alerta a nuestro protagonista que, tras convencer con sus teorías (a priori disparatadas) a su enfermera y a su novia, iniciará una particular investigación de asesinato.

Me encantan Vértigo y Atrapa un ladrón, pero esta es y será siempre, mi cinta favorita de Hitchcock. Por su ritmo y tensión que no decae en ningún momento sin salir de una simple habitación; sus diálogos, esas historias personales de cada vecino que suceden en paralelo al argumento principal, y por supuesto, por la presencia de Grace Kelly. Para mí, la rubia más atractiva de la historia del cine. Una lástima que decidiese hacerse princesa. Mención especial merece también Thelma Ritter, una auténtica secundaria de lujo que, como en todas las películas que hizo, clava su papel.

Un placer que la sección de “El cumpleaños de las películas” me haya dado la excusa idónea para volver a verme este “clasicazo”.

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