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Las Arribes del Duero: Los "tajos" de la vida
Las Arribes del Duero: Los "tajos" de la vida

Las Arribes del Duero: Los “tajos” de la vida

Los "tajos" creados y escondidos por el río Duero y sus afluentes hicieron escribir a Miguel de Unamuno: "¡Quiera Dios que alguien logre sacar a flor de vista bellezas enterradas en un casi abandonado rincón de la provincia de Salamanca!”. Y añado yo: Y de Zamora y Portugal. 

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Restaurante Santamago en Sanchinarro

 

Las personas por encima de todo, y más cuando el lugar tiene tantos encantos que a la hora de escribir unas líneas viajeras lo demás está asegurado. Si conoces a alguien interesante en un viaje, las primeras palabras deben estar dedicadas a ellos y más cuando todos protagonizan el milagro de levantar un negocio en la España vaciada. En nuestra estancia en Los o Las Arribes del Duero, pisando tierras salmantinas, zamoranas y por equivocación, aunque siempre es un placer, portuguesas, descubrimos la única almazara de aceite ecológico de Castilla León. Está radicada en Ahigal de los Aceiteros, pueblo inmerso en las rutas que se deben hacer si dispones del tiempo suficiente. Loli fue una de las mujeres pioneras por aquellos lares en ponerse al frente de un negocio rural y dotarlo de las mejoras que demandan los consumidores en el siglo XXI. Con su trabajo y el de sus colaboradores han conseguido hacer un aceite ecológico, Aceiteros del Agueda,  que preside todas nuestras comidas, un recuerdo diario de aquellas tierras horadadas, moldeadas y marcadas para lo bueno y malo por el Duero y sus afluentes.

Otro de los descubrimientos fue el de la mejor relaciones públicas-camarera que hemos conocido en nuestras vidas, Paula. Su hermano, el chef, puede estar tranquilo con una embajadora de su cocina ante sus clientes como ella. El restaurante La Tinaja  ,en Sobradillo, frente a la reconstruida Torre del homenaje, es un canto al amor por una profesión y por la tierra que lo cobija. Inma, la madre, puso las bases y su hijo Antonio la innovación para hacer una unión espectacular que Paula, google maps y las opiniones de los viajeros acabaron de redondear. Hasta el pan estaba para mojar, cocido por el último panadero de Sobradillo, con el que fue un placer charlar sobre los problemas de una profesión que idolatro.

Seguimos con la manduca que me estoy gustando y además fue uno de los alicientes del viaje. Restaurante de gasolinera que pasa inadvertido hasta que quieres tomarte una caña en Masueco, es el único bar. Las cañas y pinchos ya merecen la parada, pero si además decides comer allí y probar el solomillo posiblemente abandones el Hostal Restaurante Santa Cruz pensando que ha sido el mejor de tu vida. Y saben cocinarlo hasta para las personas a las que no nos gusta la carne cruda. Os recuerdo que el término municipal de Masueco, nuestro campamento base, es el inicio para visitar uno de los lugares más espectaculares de Las Arribes del Duero; el Mirador del Pozo de los Humos. Se puede realizar perfectamente desde el pueblo y es recomendable recorrer los 4 kilómetros si la comida va a ser en el hostal.

Finalizo la ruta gastronómica, insisto que es la mía y que habrá muchos otros bares y restaurantes recomendables, en Fermoselle, uno de los pueblos más bonitos y visitados de Las Arribes y en los que probé los mejores champiñones de mi vida. Las autoras de esa exquisitez son las tres generaciones de cocineras que han estado y están al frente de los fogones; desde la abuela Pilar hasta la nieta, Mar Marcos. El restaurante España debe ser una parada obligatoria para degustar los Champiñones “España”, con el apellido del local para distinguirlos de los demás y es que los deberían patentar. No fue posible descubrir su secreto, uno de los mejor guardados de la restauración arribeña.

Las Arribes del Duero son una apuesta segura, ya sea en tierras salmantinas, zamoranas o portuguesas. Recorrer sus pueblos, miradores, cualquiera de las vistas sobre las aguas en la profundidad de los “tajos” y desde sus pantanos te dejará hipnotizado y horrorizado si lo que ves es un incendio desde una de la paradas de Miguel de Unamuno en su camino, el Pico del Moro, en Saucelle.  El río y sus afluentes han marcado su historia, siempre guerrera, sus cultivos, su forma de vida. Historias de cabreros que vivían y hacían su trabajo en precipicios imposibles y descolgados materialmente sobre las aguas del Duero. Historias de palabras, vocablos, nombres de pueblos más gallegos y asturianos que castellanos y que trajeron de sus tierras aquellos que en la Edad Media repoblaron un lugar inhóspito. Baños en la playa del Rostro y en el embalse del Rocoso al atardecer en Aldeadávila de la Ribera. Charlas en los caminos con hortelanos en un verano, también para ellos, malo para los tomates. 

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