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‘Los asesinos de la luna’: si cuando es buen cine no se mira la hora, con Scorsese te desaparece el reloj.
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‘Los asesinos de la luna’: si cuando es buen cine no se mira la hora, con Scorsese te desaparece el reloj.

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A estas alturas de la película, nunca mejor dicho, si algo está claro es que Martin no le debe nada a nadie. El italoamericano es una leyenda viva y nos ha regalado tantas historias y tantos personajes inolvidables que solo los más inconscientes se atreverían a ponerle alguna pega a su trayectoria. Sin embargo, como gran aficionado del western, siempre he deseado que el director realizase un acercamiento a este género. Fuera cual fuera el argumento. El otro día, tras tantos años de espera, me quedé tranquilo. Porque Scorsese, finalmente, lo ha hecho, ¡vaya que si lo ha hecho!

Ni mucho menos estamos ante una película del oeste de las de antaño. No esperen a Robert de Niro haciendo de John Wayne ni a Di Caprio de James Stewart. Desde un principio nos topamos con que el automóvil ha sustituido al caballo y que la contienda bélica a la que se refieren los protagonistas en un par de ocasiones no es la de Secesión, sino la Gran Guerra. No hay persecuciones a caballo, ni emboscadas, ni duelos al amanecer. “Marty” no se anda con rodeos y va al grano. Un grano muy grande, puesto que “Killers of the Flower Moon” no es sino una mera excusa para ahondar en uno de los pecados más profundos de Norteamérica: el genocidio contra los indígenas.

La historia de los asesinatos de la tribu Osage resume perfectamente cómo fue la convivencia entre el hombre blanco y la nación india. Una nación engañada y maltratada que tuvo que soportar cómo una inmensa mayoría de inmigrantes europeos les arrebataban sus tierras, sus búfalos y su cultura hasta dejarlos en las reservas que hoy en día albergan a las últimas generaciones de sus pueblos. Con esta película Scorsese nos transporta a obras como “El último combate” o “Flecha Rota”. Infravalorados westerns en los que John Ford y Delmer Daves, respectivamente, sacan la cara por los mal llamados “pieles rojas” para contarnos que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos.

La duración, por excesiva que parezca, es la adecuada. Soy de los que piensan (salvo contadas excepciones) que un film dura lo que tiene que durar, sean una, dos o tres horas. En este caso son 206 minutos de puro cine. Nada sobra. Está hecho a conciencia para que el espectador sufra con los Osage y sienta, aunque sea por un rato, la misma impotencia que debía provocarles a las tribus ver cómo los tratados de paz eran violados por un hombre blanco lleno de palabras vacías.

En esta ocasión, los que pronuncian dichas palabras son Leonardo Di Caprio y el señor De Niro, ambos para quitarse el sombrero. El primero logra la que para mí es la actuación más completa de su carrera. Se nota que está alcanzando su madurez interpretativa, lo que le permite transmitir sensaciones de una forma cada vez más natural. Lejos queda ya el chaval de “Titanic” que era simplemente una cara bonita. “Bob”, por su parte, bien es sabido que está en otra división. Su trabajo no lo podemos incluir dentro de su top 5, pero al igual que en “El Irlandés”, borda su papel e incluso en algún momento nos recuerda a ese Al Capone tan “cabrón” que creó para “Los intocables de Eliot Ness”. Tal y como es la Academia, dudo mucho que alguno se lleve la estatuilla, pero como mínimo deberían estar nominados.

Lo que si me decepcionaría es no ver a Lily Gladstone triunfar en la ceremonia. Uno de los motivos que hace que la película consiga conmover al espectador es esta joven actriz, con diferencia, de los descubrimientos más grandes de la temporada. Su presencia, su serenidad y su capacidad para pasar de la alegría al desgarro en cuestión de instantes hace que la quieras ver en cada escena del film.

En definitiva, se puede afirmar sin ningún reparo que estamos ante la película del año, con permiso de “Oppenheimer” con la que personalmente, pese a reconocer sus virtudes, no llegué a conectar del todo. Tendré que esperar a ver la ansiada “Napoleón” de Ridley Scott y Joaquin Phoenix que acaba de llegar a las salas este pasado viernes, y que está recibiendo críticas de todo tipo. Aún así, una cosa está clara, y es que en el caso de fracasar esta, los Oscar de este año, si se centran en la calidad y no en el bien quedar, deberían ser un mano a mano entre Martin y Nolan. En el cual, si a alguien le interesa mi opinión, iré con el genio de “Little Italy”.

 

 

 

 

 

Imagen de www.nme.com

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