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Lo imposible
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Getafe 2-0 Córdoba

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Victoria, empate, victoria, victoria, empate, victoria, victoria; desde el invierno que el Getafe no cae. Hace menos de dos meses el conjunto azulón olía mal y hoy parece el perfume más caro del mercado; quién se lo iba a imaginar. Tras haber perdido sólo cuatro puntos de los últimos veintiuno, los de Bordalás están asentados en la tercera plaza con ocho puntos sobre el séptimo. Ganando, como hoy, porque sí. Parece, si esto no fuera tan variable como el fútbol, que el playoff de ascenso está alicatado hasta el techo. Aunque nunca se debe olvidar que existen tres clases de mentiras: la mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Sólo Mark Twain puede parar a este Geta.

Por eso el Córdoba, que no tiene pinta de escritor decimonónico, sino de un equipo intimando con el descenso a Segunda B, no pudo ni disponer de la oportunidad de rascar puntos del Coliseum. Ahí reside el poder de la tela de araña que ha construido el Getafe, en la que si alguien intenta entrar queda atrapado. No tuvo Alberto, guardián de los tres palos y de las esperanzas azulonas, día mas plácido desde hace semanas. No inquietaron los visitantes porque es muy complicado encontrar un espacio por el que atacar la defensa getafense. A raíz de ahí, a base de la fuerza que le da la inercia, el Geta sigue montado en el tren de la felicidad: de tres en tres y tira porque le toca.

A base de controlarlo y de intentarlo, el cuadro azulón se encontró, justo antes de la media hora de juego, con una falta en la frontal del área. Propicia para un zurdo. Quiso la providencia que sólo hubiera un zurdo en el equipo, al que no se le recordaba haber lanzado a portería un libre directo. Flotando sobre la mentira de la estadística, Faurlín, que lo mismo te cose un huevo, que te fríe un botón, que toca la guitarra mientras baila un tango mirando al tendido, colocó el balón en la escuadra. Hay detalles que, sin pretenderlo, ganan partidos. A veces la facilidad es tan sencilla que bebe de la casualidad.

Otro dato que ahogaba al Getafe era la falta de gol. Que sin efectividad no hay paraíso lo sabe bien un equipo cuyo segundo máximo goleador es el jugador llamado “en propia puerta”. Por seguir desmontando mentiras, un desacertado Chuli, cuyo partido llevaba varios minutos pidiendo el cambio, recogió el balón en el minuto 70 para, con la zurda, limpiar las telarañas de la otra cruceta de Kiescek. Lo mismo da que marque Molina, que entren por la escuadra de tiros aislados o que los meta el contrario en su propia portería; todo sube al marcador. Ya se sabe que lo importante es llevarse bien, aunque los hijos sean de otro.

No tuvo más historia uno de los partidos más cómodos de la temporada. La simetría de dos zurdazos perfectos redondeó un fácil 2-0 con el que el Getafe continúa levitando. Que el trabajo supere a la euforia debe ser su único objetivo de aquí a junio. Ahora, con la promoción a tiro de piedra, es momento de ambicionar. De seguir guardando la tercera posición y pelear por la segunda, propiedad del Girona, que está a 7 puntos con 15 por jugar. Es imposible, y por eso hay que intentarlo.

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