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El Che... y mucho más
El Che... y mucho más

El Che… y mucho más

Es como una enorme caldera a 500 ºC. Intimida al rival, propulsa a su equipo. Ese equipo es el Montakit Fuenlabrada, al que le ha bastado que el curso amanezca para colocar el techo más allá del mismísimo cielo. El proyecto de Nestor García mola mucho. Algunos lo llaman revolución, o revolucCHEón, como reza la nueva pancarta. Pero más que revolución es evolución.  

Foto: Montakit Fuenlabrada-Emilio Cobos

Evolución porque el baloncesto de élite ya está consolidado en el sur de la Comunidad de Madrid. 5.550 espectadores convierten el pequeño Fernando Martín en uno de los pabellones más calientes de Europa. Allí, en ese recinto con atmósfera inefable, el basket es una religión, una forma de vivir. El club está cerca de los aficionados y hace todo por afianzar esa cercanía. El aficionado está cerca del club y hace todo para que ese amor no se acabe nunca. Los últimos tiempos han regalado temporadas muy buenas en Fuenlabrada, pero el arranque de este curso es la bomba. El Che y sus muchachos han activado algo intangible que no tiene rival: la química.

Néstor es un tipo muy peculiar. Argentino con voz quebrada por los pitillos y las emociones, con millones de batallas en varios países, abrazado a la pasión, esa palabra mágica que guía la senda de los mortales. Sabe lo que es campeonar y sabe lo que es estar cerca de la muerte, cuando un accidente de moto acuática en Arabia Saudí le hizo ver el túnel oscuro. Una mañana, postrado en la cama del hospital, se despertó y vio in situ a cientos de hinchas rezando por él y cantando por su equipo. Un tío que ha vivido eso ha de arrastrar un sello especial. Ha saltado a Europa por primera vez en su carrera y en apenas unas semanas todos tenemos la convicción de que Néstor y el Fuenla se llevaban esperando toda la vida. El flechazo es evidente. El subidón es irrefrenable.

Este Montakit Fuenlabrada es el Che… y mucho más. Es Ferrán López y su capacidad de manejar con acierto la calderilla de su monedero. Es el lujazo de que Eyenga vista la azulona. Es el oficio y el incontenible deseo de competir de Marko Popovic. Es ese armario empotrado llamado Gabe Olaseni. Es la suma en la calculadora del americano-irlandés O’Leary. Es la bomba ganadora del mejicano Pako… con K. Es la sonrisa de eterna superación de Llorca. Es el esfuerzo sin minutos de Chema. Es la boina verde del montenegrino Sekulic. Es el delegado. Y el jefe de prensa. Y el de la mopa. Y las peñas. El aura mágico de una entidad que jamás ha renunciado a la humildad.

Evolución. O revolución para seguir evolucionando. Cuatro de cuatro, ya sé que quedan menos para la permanencia. Pero ya sabéis que la vida sin sueños es un coñazo, así que no descartéis activar los vuelos a Gran Canaria en febrero. La felicidad es contagiosa. Y se refleja en cada mate, en cada salto, en cada chapa, en cada triple, en cada chufla de Marko, en cada corrillo, en cada foto que sale del vestuario, en cada rugido de los 5000 que parecen 5 millones. El Fuenla es feliz. Y eso es una estupenda noticia para el baloncesto de siempre. Gracias, muchachos.

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