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El presente se juega hasta el final
El presente se juega hasta el final

El presente se juega hasta el final

Facundo fue el mejor en La Laguna porque Facundo es, simplemente, el mejor. Ese es el presente del Real Madrid, que arranca la temporada levantando otra copa al cielo del baloncesto español. Vigésimo título del lasismo, un término que acuna muchas más cosas que un palmarés. El lasismo supone arropar a los tuyos hasta que se ilumine la luz y suene la bocina. En ese equipo el presente se juega hasta el final.

Campazzo se quiere ir a la NBA. Lo hará cuando reciba una oferta por escrito de alguna franquicia y pueda afrontar el pago de su elevada libertad. Tras un verano de discrepancias y algún enfado de esos que se pasan rápido, jugador y club llegaron a un acuerdo que satisface a ambas partes. El argentino se queda jugando en el Madrid hasta que pague, el Madrid descuenta de la claúsula de seis millones el salario que cobraría Facu durante estos meses. El jugador, además, podrá abonar su rescisión en varios plazos. ¿Es lo ideal? Claro que no. Más allá del apartado económico, que evidencia una operación positiva para el Real Madrid, el equipo merengue sale perdiendo. Facundo es el mejor, y para el mejor nunca hay un relevo. Cuando Campazzo se vaya del Madrid, el Madrid será peor equipo. 

Pero hasta ese momento el lasismo, ciencia que trasciende a la propia figura de Pablo Laso Biurrún, ha creado un ecosistema favorable para los intereses de todas las partes. Ese proyecto es exitoso porque la inversión es muy potente, porque son muy buenos y porque se trabaja mucho. Pero también porque han tenido la habilidad de crear un ambiente formidable que les hace ser un grupo de trabajo muy sano. Cuando se disfrazan de competidores muerden el pellejo del rival, y eso lo hacen con unión, solidaridad y defensa a ultranza del compañero. Para conseguir eso no sirve con pulsar la tecla de un ordenador o berrear a voces “vamos a competir” antes de salir al escenario. Ese cromo se pega en el álbum tras muchas actitudes, conversaciones, concesiones, entrenamientos y soluciones. Eso es el lasismo. Casi nada, ¿no?

Percibo que el entrenador del Madrid es muy reconocido por gran parte de la crítica. La periodística y la de los aficionados al baloncesto, que en ocasiones es mucho más severa que la otra. Tras más de nueve años en ese banquillo y en el umbral de otra merecida renovación que le permita seguir acercándose al palmarés de Lolo y Ferrándiz, y también superar al primero en número de partidos dirigidos en la historia de la sección, al excelente cuerpo técnico del Madrid se le presenta un desafío gigantesco. A corto plazo, mantener enchufado a Laprovittola y construir una eficaz tirita para suplir en el parqué los minutos que Tavares esté sentado en el banco. A medio plazo, que el impacto de la marcha de Facundo sea el menor posible y cohesionar al center que llegue si al Madrid finalmente le satisface alguna opción de mercado que se presente dentro de unos meses. Mal haríamos en subestimar la capacidad de los que deben gestionar esos cambios. Porque son los mismos que dulcificaron la compleja transición que supuso la marcha de piezas tan importantes como Sergio Rodríguez o Luka Doncic. Reto mayúsculo. A la altura de uno de los mejores. El primer entrenador del Madrid lo es.

El primer objetivo ya está cumplido. “Mientras esté aquí voy a dar el 100%”. No son palabras vacías de Campazzo, sino una verdad como un puño de grande. Facundo está comprometido con su equipo y sus compañeros están comprometidos con él. Este Real Madrid de basket posee la habilidad de querer a los suyos hasta el final y de tratarlos como si nada ocurriera. La cosa fluye, el equipo compite… y otro título a la buchaca. Ahí dentro todo el mundo sabe lo que hay, incluido Laprovittola, que no se vistió en semifinales y apenas compareció unos minutos de rotación en la final de la Supercopa. Los que estamos fuera del día a día no tenemos ni idea de lo que se cuece en la cazuela cotidiana de un grupo de trabajo. Pero preguntamos mucho. Y tras diez temporadas acompañando los muchos triunfos y las escasas decepciones del lasismo, creo que no me equivoco si afirmo que ese colectivo atesora una virtud que trasciende a su pantagruélico palmarés: la gestión de personas. Posiblemente esa sea la principal clave invisible de un equipo de leyenda.

Posdata. “Llull es muy grande. Lo quiero mucho. No hay muchos jugadores en la historia del club que le hayan dado tanto al madridismo como él”. Eso es el lasismo. Algo que va más allá de Laso y que salpica de lleno a tipos como Sergio, Rudy… o Campazzo. Abalde y Alocén ya lo están mamando. La mecha sigue prendida. Este año tendrán que subir un puerto especial: el Barcelona de Saras. A todo lo que llevaron a La Laguna hay que sumar a Higgins y Kuric. Un equipazo con un pedazo de entrenador. Espera un año de basket muy guapo… pandemia mediante. 

 

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