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Kiss de Prince

La NBA de Llull

“Quiere jugar en Madrid. Madrid debe de ser asombrosa porque él está rechazando algunas ofertas que no puedo creer. Si llegase ahora a Houston, sería al menos un jugador de rotación de calidad en la NBA. Lo que le ofrecemos es atractivo, pero ya te digo, Madrid debe de ser increíble”.

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Son palabras de Daryl Morey, manager general de los Rockets, la franquicia NBA que posee desde hace años los derechos de Sergio Llull. El propio Morey, acompañado del ex entrenador Kevin Mchale, viajaron a España hace un par de veranos para tratar de convencer al ídolo del madridismo. No hubo manera. Y no hay manera. El de Mahón quiere seguir jugando en el Real Madrid.

No es normal. No es habitual. Posiblemente no sea ni natural, si entendemos por natural lo que se acerca a lo lógica desde los cánones establecidos… o impuestos socialmente. Lo que está haciendo Llull lo han hecho muy pocos. Lo que está haciendo Llull es aún más difícil de ver en el deporte moderno. Es más, estoy convencido de que ningún madridista le reprocharía a Sergio (Sergi en el vestuario) que se marchara la NBA. Pero él lo tiene muy claro. Es feliz en Madrid y en el Madrid. No cede ante ofertas ni alicientes. No surten efecto los cortejos ni los fajos de dólares. No cambia de opinión con las llamadas ni las fascinantes expectativas deportivas de los Rockets. Para él no es no, aunque sepa que ahora mismo no sería ni mucho menos un actor residual en la mejor competición del planeta basket.

La inmensa mayoría de los aficionados blancos están encantados con la decisión de Llull. Cada calabaza que da lo idolatran más, cada canto de sirena que se ahoga en el Mediterráneo lo quieren más y más. Hay quienes piensan que es plausible no sentir la necesidad vital de dar el salto. Otros defienden que el menorquín se está estancando en su juego por ese empeño de seguir en Europa. Cualquier opinión con argumentos es válida, no tanto aquellas irrespetuosas que tildan a Sergio de cobarde o esas que desde el otro polo desprecian una competición tan especial como la norteamericana.

Todos podemos opinar, cómo no. Pero maldita sea la manía de juzgar con severidad a otras personas. ¿Quiénes somos nosotros para entrometernos con juicios en la felicidad de los demás? Es evidente que Llull es feliz con su situación actual. Un presente que le hace ser el líder de uno de los mejores equipos de Europa, competir al máximo nivel, ganar títulos, alimentar la leyenda del escudo de su corazón, disfrutar de un salario extraordinario y sentirse muy querido cuando viste en tirantes, de calle o con traje y corbata. La NBA de Llull es el Madrid. Aunque yo estoy firmemente convencido de que tarde o temprano terminará saboreando la experiencia de probar allá.

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