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Un soldado del baloncesto
Un soldado del baloncesto

Un soldado del baloncesto

Os confieso que me apetece muchísimo escribir estas líneas porque siento que Jonas Maciulis es un gran desconocido para el público. El lituano es sin duda uno de los mejores profesionales que ha pasado por el Real Madrid. Ahora que se ha terminado su vínculo con el conjunto merengue, vamos a contar algunos capítulos de su historia. Porque la historia de este soldado del baloncesto merece ser relatada.

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Maciulis es muy querido en el Madrid. Pero muchísimo. Su puesta en escena pública, muy limitada y con aperente frialdad, contrasta con su comportamiento dentro del vestuario. Nunca exhibió una mala cara. Jamás. Ni siquiera durante los últimos tiempos. Tampoco el día que decidió que había llegado su momento de abandonar el equipo, aquella noche en la que solo jugó 11 segundos en el Palau Blaugrana. Tras la fría coraza báltica emerge un tipo que sonríe y ríe, dos maravillosos patrimonios del ser humano.  Nunca se le escuchó hablar en castellano, pero lo habla con fluidez. Lo aprendió muy rápido, tanto como fue su integración en el equipo y en la ciudad.

Incansable trabajador, un honesto profesional del baloncesto que siempre primó lo colectivo a lo individual. Utilizaba los días libres para ir a Pozuelo primero y Valdebebas después. Tal era su obsesión por la labor que Laso le rogó en varias ocasiones que, por favor, se quedará descansando en casa. El lituano deja el Madrid con la espina de no haber recibido explicaciones del técnico. “Soy un jugador de la vieja escuela que piensa que el entrenador siempre toma la decisión correcta”. Jonas quiere jugar, se siente muy útil con 33 años recién cumplidos. La única razón de su salida es que ya no soportaba más el banquillo. Aceptó su papel secundario el pasado verano, pero él confiaba en tener más protagonismo en la cancha. 

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Queridísimo por sus compañeros porque siempre tuvieron claro que ese tipo moriría por ellos si era necesario. Hace unos días lo despidieron con una cena en la que lo abrazaron, rieron y recordaron buenos momentos, como el decisivo papel de Maciulis en la Euroliga de 2015. Cuenta la leyenda que nadie tiene unas manazas tan grandes. Jonas saluda a golpetazos y a veces hace daño porque le sobra energía. (“Qué hostias mete”, cuentan desternillados desde dentro). Eso también lo echarán de menos, como todos los ingredientes que componen la ensalada de la bondad. 

El jugador lituano ha dejado huella durante sus cuatro temporadas en el Real Madrid. Antepone la familia a todo lo demás. Era innegociable llevar a sus tres nenas al colegio aunque hubiera aterrizado de madrugada tras un lejano partido europeo. Los buenos deportistas siempre dejan su sello indeleble en esa gran familia que es un equipo de baloncesto. Pero Maciulis será añorado sobre todo porque ha demostrado ser un tío estupendo y un compañero maravilloso. Jonas, un verdadero soldado del baloncesto. 

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