Inventario
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Cruzando el verano, en el erial de pretemporada en el que algunos consideran fútbol a los amistosos de preparación para pasar mejor la abstinencia, comienza a construirse lo que hace poco más de dos meses se destruyó. Se está levantando el nuevo proyecto del Getafe, con idas, venidas y vueltas, por lo que es momento de hacer inventario por si quedara algún despistado.

Empezando por lo que menos duele, en el capítulo de bajas hemos ganado en salud con varias salidas. Roberto Lago ha volado a Chipre pero no ha trascendido si ha tenido que facturar los huecos a su espalda. Tampoco se llorará la perdida de Vergini, con destino Boca Juniors. Si su temporada fue una tragedia, que lo fue, lo de Pereira y Goitom se convirtió en una farsa. Ambos son ya historia del Getafe.

El ya bermellón Juan Rodríguez también se marchó, pero dejó una bonita carta de despedida que redundó en el respeto ganado con su trabajo. Medrán, tras la cesión, ha dado el salto al Valencia, y Moi y Víctor han recalado en el Sporting. Velázquez ha vuelto al Atleti, como Mensah, que ha hecho más kilómetros volviendo al Calderón que en partido oficial con el Geta. Wanderson ya es del Salzburgo salvo para Ángel Torres.

Salidas más dolorosas también las hay. La definición del paso por Getafe de Sarabia, nuevo jugador sevillista, ya la escribió Cuerda: hubiera podido ser una leyenda, una epopeya si se hubieran juntado varios. Y luego está el capitán; ay, Pedro. Antes de irse a Eibar ya le echaba de menos. No sé qué tenía, posiblemente nada más que un recuerdo, para depositar tanta fe en él. Nos ha dejado diciéndonos que no somos nosotros, es él, y que siempre seremos amigos. No era perfecto porque, si lo fuera, no habría estado con nosotros. Pero era él. Pedro León, la espera continua: se ha ido pero espero su vuelta con la misma fuerza que cuando estaba y desaparecía. Es todo lo que necesitas cuando no lo tienes; representa los besos (al escudo) que no te dieron. Y nos ha dejado solos y rotos; para no olvidarle, ahora ahogaremos las penas con Emi, que es más joven y más guapa. El argentino y Vigaray tienen por delante una temporada en la que han de brotar.

Y así llegamos a los que están. Y a los que siguen, por ahora. En la portería, a la espera de conocer el futuro de Guaita, no sabemos si Alberto suplirá con garantías las funciones de Megyeri porque nos sabemos cuáles eran las funciones de Megyeri, cuyo asiento en el banquillo ya está acumulando polvo.

En defensa, Damián y Molinero se disputarán un puesto en el lateral derecho. En la izquierda la fuerza de Yoda, tras renovar su contrato, en nuestra compañía seguirá. Cala aún no se ha ido, pero cada día que pasa nos imaginamos el daño de su salida. Y a Lacen ya le hemos visto vestido de corto, con el brazalete de capitán sobre la nueva equipación, motivo más que suficiente para rebosar de moral. Medhi, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.

En la línea atacante, de Álvaro sorprende que esté tardando más en salir que en marcar un gol; la ubicación de su Instagram dice que sigue en Getafe. Por su parte, Stefan ha renovado; a ver si este año sí. Y si no, Jorge Molina: habrá que ver si su experiencia puede más que su edad.

Los nuevos. Fuster viene de ser el capitán del mejor equipo de Grecia, lo que debería ser razón suficiente para otorgar al equipo un plus de carácter. Si a Feltscher se le da la mitad de bien el fútbol que el gimnasio, tenemos jugador de garantías. Y de Gorosito, Facundo y Van den Bergh se podrían decir tantas cosas que mejor no decir nada.

Finalmente, de la llegada de Dani Pacheco me gustan hasta los andares. Qué decir de la vuelta de Cata Díaz: la nostalgia siempre le gana a la razón. Poco importa que tenga 37 años porque los símbolos no tienen edad. Hay quien no lo entiende: ¿es que no saben que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por el Cata?

Parece que, por increíble que parezca, en verano también puede haber emoción. Así, tras estos movimientos, ha quedado el esqueleto del nuevo Getafe, que volverá a la Segunda División el 19 de agosto en Miranda de Ebro. Ahora, mientras nos acostumbramos a ver salir el sol por el lado contrario, sólo podemos decir una cosa: amanece, que no es poco.

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