Pobla FM

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Si el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes, el descenso de tu equipo es lo más doloroso entre las insignificantes. Ha dolido, incluso sigue doliendo. Pero como no es necesario ponerse a recordar y resulta mucho más práctico mirar hacia adelante, me apetece pensar en lo que está por venir. Y de repente, sin saber por qué, ocurre que me he ilusionado.

Así es uno, casi tan imprevisible como su Getafe. Tanto que, siendo de naturaleza pesimista por devoción, me he llenado de razones para el optimismo sin tener ningún motivo para ello. Y donde hace unas semanas había desolación ahora hay ganas, muchas ganas. Es tal el sinsentido que, tras el vacío del descenso, en el desierto empieza a brotar algo a lo que es fácil ponerle nombre: esperanza e ilusión. Tras superar el duelo, de la nada surgen estas extrañas cosas.

Cosas como el orgullo a pertenecer a una familia teñida de azul que casi antes de caerse ya se había levantado. No se abandona a un ser querido cuando está mal, y tampoco nos vamos a bajar del barco por cuatro olas de nada. Mientras sana, cerramos un ciclo y abrimos otro. Han pasado ya los suficientes días de aquello que no sucedió el 15 de mayo en Sevilla para dejar de mirar hacia atrás y dirigirse hacia ese futuro que se va haciendo presente. Tenemos un túnel que atravesar.

Así que ahora que estamos todos volviendo doce años hacia atrás, yo quiero saltar unas semanas hacia adelante. Ya estoy esperando el día de agosto que tenga que ser en el que el Getafe vuelva a poner su pie en Segunda División. Ay, la Segunda. No resulta especialmente atractiva a simple vista, para qué engañarnos, pero hay desiertos más bonitos y acogedores que la más moderna y capitalista de las construcciones artificiales. Y lo bueno es que ya conocemos el camino para cruzarlo. Aunque nada hay como la primera vez, que sabemos que nunca volverá, la segunda se disfruta mucho más. Ya la estamos esperando.

En este periodo sin fútbol tenemos tiempo suficiente para lo fundamental: conjugar el verbo seguir. #YoSigo, y tú, y tú, y tú. Por supuesto que seguimos. No volvemos porque nunca nos fuimos. Sólo hemos parado para relamernos las heridas, que ya están cicatrizando con la pócima de la ilusión: antes de que se abriera el plazo para abonarse, cientos de azulones ya tenían su carnet de Segunda División (hoy ya superamos los 6000 abonados). A pesar de no tener afición, el Getafe no caminará solo por el desierto de plata. Vamos a sudarlo juntos.

Ahora toca pasar página, recargar las pilas y volver a remar. Y a sufrir, que es de lo que nos retroalimentamos. Crecemos en la adversidad y eso es lo que nos hace invencibles por muchas ganas que tengan de acabar con nosotros. Más mierda encima, más fuertes nos levantamos. Los que se creían que esto acababa aquí no saben lo equivocados que estaban. Qué van a saber; esto sólo acaba de empezar. Hago nuestro el lema de las Islas del Hierro: “Lo que está muerto no puede morir, sino que se alza de nuevo, más duro y más fuerte”. Y digo que es un honor que para muchos estemos muertos.

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