Reconozco que mi carencia hacia la vega del Tajuña empieza a ser enfermiza. Como si se tratara de un imán hace que mi brújula viajera marque siempre esa dirección y quiera, como dijo en su día el ex entrenador del Leganés Luis Ángel Duque, saltarme como su Lega “los pueblos de tres en tres”. No es el caso, me gusta detenerme en ellos, saborearlos, olerlos, escalar sus pendientes excavadas como sus casas-cueva en las colinas que los elevan por encima de la vega señalada por sus espigados álamos. Una nueva etapa del Camino de Uclés a la mochila.
La parada en esta ocasión ha sido Tielmes y mi intención, además de visitar el pueblo y probar sus tortas de chicharrones, elaboradas en la panadería Rodríguez del Pozo, fue recorrer unos kilómetros del Camino de Uclés a través de la Via Verde del Tajuña. Una experiencia que me encantó cuando hice el tramo desde Perales de Tajuña hasta el precioso puente de piedra sobre el río. Tiene ya unos cuantos siglos de vida y desde el siglo XVII y antes ha sido cruzado por las guerras que asolaron nuestro país. Y también por los romeros que, como yo, visitan las ermitas de San Isidro y la de los Santos Niños, ésta última erigida también en el siglo XVIII para honrar a San Justo y Pastor, mártires y patronos de Tielmes. El tempo se construyó bajo el “Risco de los Mártires” y en cuyas cuevas, cuenta la tradición, se escondieron Justo y Pastor huyendo de una muerte anunciada.
El judas
Curiosa la dedicatoria del monumento de la plaza del ayuntamiento, que además de estar dedicada a las víctimas del COVID, también lo está a los quintos o “juderos” que debido al confinamiento no pudieron disfrutar de su Judas. Se trata de la fiesta más popular del pueblo y que en los últimos años trae visitantes de toda la Comunidad de Madrid durante los días señalados y especialmente el Domingo de Resurrección. Una fiesta que es un clásico de Semana Santa en muchos puntos de las dos Castillas y La Mancha, pero que en Tielmes tiene un rito que la diferencia de las demás.
El olivo
“Ahora en el pueblo casi todos los que tienen tierras se dedican al olivo, aunque ahora también hay zonas sembradas de trigo y cebada” es la explicación que me da un vecino cuando le pregunto por los cultivos de un pueblo que vive de cara a la agricultura. “Ahora es época de molienda de la aceituna, aunque hoy va a llover y no molerán”. La aceituna tiene que estar seca para que el aceite alcance su máximo esplendor, eso y que nada más recogida y sin humedad sea llevada al prensado. Con orgullo mi vecino contesta afirmativamente a la pregunta de si hay cooperativa en el pueblo: “Claro, en la Calle Real y se vende aceite al público los sábados y los domingos”. Viajar por los pueblos de la Comunidad de Madrid entre semana tiene sus muchas ventajas, pero también inconvenientes y uno de ellos fue no poder llevarme una garrafa del oro líquido a mi casa.
Otro de los aspectos que destaco de Tielmes es el intento de mantener la estética castellana, especialmente en los edificios nuevos e integrarlos en el resto del pueblo. Eso y que sus puntos de interés y rutas están perfectamente señalizados. Lavadero, museos, especialmente el de la casa cueva, también merecen un rato de la jornada en la vega del Tajuña.


