O el pueblo de la famosa marca presente en las últimas generaciones de españoles. Era una de las pocas referencias que tenía de este pueblo madrileño por el gran cartel que cubre la fábrica y que te asalta con las manos en el volante devolviéndote a tu infancia y la de tus hijos. Villarejo de Salvanés ha estado siempre demasiado cerca de Madrid para hacer una parada técnica (café con bocata de chorizo frito) en los centenares de viajes que he hecho a Valencia.
Algo más que una simple parada
Si siempre fue difícil hacer esa parada todavía lo fue más con el nuevo trazado de la carretera de Valencia que te obliga a abandonarla y recorrer unos kilómetros para llegar al corazón de una de las villas con uno de los aceites más ricos de España. El aceite y la ITV fueron mis escusas, más que buscadas, para hacer ¡por fin! esa visita demasiadas veces aplazada.
Villarejo de Salvanés, una de las Villas de Madrid y conocida como la capital de la Vegas. Tajo y Tajuña, arroyos y afluentes y la tierra caliza y arcillosa que se alternan para dibujar uno de los paisajes agrarios más sugerentes de Madrid.
Capital de Las Vegas: aceite y vino
La otra referencia que tenía de Villarejo de Salvanés es que uno de mis oyentes más queridos, Borja, es de allí y que mi llavero con el 14 a la espalda es el de una camiseta del equipo de fútbol del pueblo. Uno de los muchos alcoranos que trabajan, precisamente, en la fábrica de galletas Cuétara que junto con el polígono industrial nos tapan un pueblo que, de verdad, merece mucho la pena visitarlo.
Para los amantes del buen aceite dos paradas obligatorias, en Posito y en Recespaña. En las dos cooperativas encontrarás un AOVE de máxima calidad y buen precio y que hacen honor a su fama para todos los que nos preciamos de conocer e investigar todo lo bueno que da nuestro campo, el madrileño. Una de sus almazaras , la de Posito fue la más moderna de Europa allá por 1798 y hoy la más antigua de la Comunidad de Madrid.
No me olvido de los vinos con D.O. Los más conocidos y apreciados son los de la bodega Jeromín. Desde 1956 esta empresa familiar fue fundamental en el resurgimiento de la industria vitivinícola madrileña. Buenos caldos para regar las buenas tapas, raciones y comidas muy caseras que puedes degustar en la villa. Los golosones deben saber que los pestiños, las roscas de San Blas, las tortas de chicharrones, las torrijas … se encuentran entre los dulces típicos de esta localidad madrileña incrustada entre kilómetros y kilómetros de olivos y viñas y perteneciente a la comarca de Las Vegas.
La Orden de Santiago
El paseo por Villarejo de Salvanés estuvo cargado de historia gracias a la Orden de Santiago que lo nominó como una de sus plazas fuertes, algo que demuestran las ruinas de su castillo del que queda en pie la Torre del Homenaje. Su bien cuidado espacio arqueológico hace fácil imaginar lo que fue una magnífica fortaleza en tierras fronterizas. El espacio sin barreras entre la fortificación y la Iglesia de San Andrés invita a sentarse en una de sus terrazas y disfrutar de un buen desayuno en una mañana soleada de invierno. Un espacio unido por fuera y por debajo de su suelo a través de galerías.

La iglesia dedicada a uno de los apóstoles también responde a los cánones de la Orden, es decir, construida a prueba de ataques. La Guerra Civil y el derrumbe del techo en 1960 se llevaron dos de sus tesoros: las pinturas del artista barroco Pedro de Orrente y su bóveda de crucería del gótico flamígero. Curiosa la imagen completa del tempo con sus antiguos y recios muros y la torre del campanario adosada como si de un lego se tratara.
Castillo, iglesia y la casa de la Tercia o de la Encomienda junto a la Torre del Homenaje forman el triángulo histórico del pueblo madrileño. La tercia era el impuesto medieval que los paisanos tenían que pagarle a la iglesia y nobleza. La casa arquitectónicamente hablando es sencilla como corresponde a su origen de almacén, ya que la población pagaba la tercia en productos cosechados de la tierra.
Tan “guerrero” fue Villarejo de Salvanés que la patrona del pueblo es la Virgen de la Victoria de Lepanto a la que le construyeron un santuario allá por el siglo XVI. Luis de Requesens, vecino y Comendador de la Villa, acompañó en la batalla contra los turcos a Don Juan de Austria y erigió el Santuario en agradecimiento a la Virgen por su ayuda divina en las aguas del Golfo de Corinto.
Villarejo de Salvanés también es el pueblo del Museo del Cine, cómo no ubicado en el antiguo cine París. No es cosa buena que los cines desaparezcan para convertirse en museos. Este equilibrio entre la modernidad y la preservación de su identidad histórica hace de Villarejo de Salvanés un lugar especial, donde se conjugan la tradición, el paisaje, la historia y la vida rural, todo bajo el sol de la Meseta Central.



