Después de nuestro viaje a Dublín me apetecía leer algún libro sobre la ciudad y con algún autor irlandés como cicerone. Y en estas ocasiones el mejor google está en la Cuesta Moyano. Pedí por mi boca y mis deseos fueron órdenes para estas computadoras andantes que son los libreros de viejo de uno de los puntos más emblemáticos de Madrid.
No había leído nada de él pero las referencias que me dieron bastaron. La obra de Liam O’Flaherty, El delator (1923) sirvió para que John Ford construyera la película del mismo nombre y que le valió su primer Oscar a la mejor dirección allá por 1935. Algo que ha servido para imaginar a Gypo Nolan, protagonista de la novela, replicado por Victor McLagen, actor que recibió un Oscar como mejor actor dando vida al personaje de otra triste historia irlandesa. Recordado siempre como el sargento Quincanon en La Legión invencible, también de John Ford y con John Wayne como gran protagonista.
Liam O’Flaherty escribe un relato mojado y frío, con olor a Guiness y Jameson. Escenarios crueles por los que deambula una tropa de comunistas de iglesia y misa, revolucionarios en contra de todo y de nada. Independencia, reparto de la riqueza, creencias terrenales y celestiales se mezclan en el día a día de uno de los países más tradicionales del continente.
La acción es trepidante porque el autor nos cuenta una historia que solo tiene 24 horas de vida. Desde el momento de la delación hasta el desenlace los protagonistas asaltan nuestra vida para calarnos con las suyas bajo un denominador común: la tristeza. Desgarradoras historias que se mezclan en la narración para hacer un cóctel de miseria sin un ápice de esperanza. Tampoco en el amor. O’Flaherty es capaz de hacernos sentir calados por la lluvia y oler los bajos fondos del Dublín por los que hace solo unos meses hemos paseado llenos de una calidez que nada tiene que ver con este relato de principios del siglo XX.
Desde la inocencia del protagonista hasta en la delación, algo que solo inspira ternura por parte del lector, hasta el egoísmo de un idealista sin más principios que los suyos y que es repudiado desde el minuto uno de su aparición en la obra. Todo aderezado con amores imposibles y relaciones tóxicas. Tratándose de Irlanda el desenlace solo podía tener un escenario y lo tiene.
Novela negra en su máxima expresión y solo al alcance de los autores nacidos en las Islas Británicas, capaces de convertir en escenario cualquier calle de cualquiera de sus maravillosamente lúgubres, melancólicos y húmedos paseos.

