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Valdelaguna: un pueblo acogedor en la Comunidad de Madrid

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Cuentan los vecinos orgullosos que en su pueblo, Valdelaguna, solo murió una persona en la Guerra Civil española y, todavía con más orgullo, que aquella trinchera a la barbarie se convirtió en el refugio de cientos de personas que huían de Morata y de la destrucción que la Batalla del Jarama infringió a muchos pueblos de los alrededores. Me explicaba con emoción Julia que en su casa vivieron familias desplazadas y que hubo comida para todos, sin mirar el carnet de identidad ni la ideología de cada uno.  Su historia y mis ratos en él me han llevado a titular este artículo de forma justa y real: Valdelaguna, un pueblo acogedor en la Comunidad de Madrid.

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El campo como seña de identidad

Cuenta Julia también que en Valdelaguna todavía hay familias que viven del campo, especialmente de los olivares: “De hecho ahora mismo mis hijos están podando”. También el marido de Aurori tiene tiempo para seguir al pie del cañón y del huerto: “si no fuera por eso aquí se aburriría mucho y eso le mantiene en forma, eso y nuestras visitas a Madrid que a mí me gusta mucho y la tenemos a cuarenta minutos, es una de las ventajas de Valdelaguna”. La veguilla del pueblo sin río, pero con buenos manantiales, siempre ha tenido buenas huertas.

Una iglesia muy especial

Aurora fue la encargada de explicarme que el patrón del pueblo es Santo Toribio de Liébana. Sí Liébana, Cantabria. El motivo fueron las pestes de la Edad Media que obligaron a repoblar Castilla con gentes de norte donde la peste no fue tan mortal. Antes de la misa diaria de las once, Aurora me presentó al párroco de la coqueta y blanquísima Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Además del “portalillo”, que es como llaman los abubillos al precioso pórtico de entrada al templo, es de inexcusable visita su interior. Os espera uno de los frescos más antiguos de la Comunidad de Madrid, descubierto tras capas de yeso y pintura y que se ha convertido en una joya del arte rural español. Cristo bendice con cánones tardorrománicos a todos los viajeros y fieles de la parroquia.

Uno de los frescos más antiguos de la Comunidad de Madrid.

Queso y vino

Valdelaguna tiene vino y queso, es decir, lo necesario para vivir allí. El vino lo pone la bodega Pablo Morate y el queso un señor muy especial. No quiero pecar de irreverente pero el cielo no lo encontraréis en Nuestra Señora de la Asunción, lo encontraréis después de probar el queso de José Luis Gigorro, descendiente de pastores vascos, como los muchos que portan ese apellido en Valdelaguna. Y como sus ancestros sigue tratando como si de un arte se tratara el cuidado de las ovejas manchegas que le proporcionan leche y corderos con fama en estos lares y más allá de ellos. Una tradición que sirve para que siga elaborando el queso (tipo manchego, el mejor del mundo) como toda la vida. A mi tocayo le queda poco para la jubilación así que no os vayáis sin probarlo en cualquiera de sus versiones semicurado, todo el año, o curado a partir de mayo.

José Luis Gigorro, quesero de Valdelaguna

Fue un placer ese rato de charla con él y con Julia, cliente y vecina, que no dudaron en compartir conmigo su vida en Valdelaguna y las cosas del pueblo que os estoy contando. Eso y decenas de lugares a visitar en el entorno del pueblo que hace años se contaban por fuentes y manantiales y que, en la actualidad, han desaparecido casi por completo.

Un pueblo y un barranco

Debería haber empezado este artículo por lo que voy a escribir ahora, pero reconozco que las relaciones humanas siempre me ganan por muy original que sea el sitio donde me encuentro. Valdelaguna parece que se hizo a lo largo de los siglos solo con un objetivo: tener las mejores vistas posibles a su vega, su monte y las colinas colindantes.  Y al cielo, que da igual que esté azul, gris o anaranjado porque hará que tus problemas, por un rato, se diluyan en él. El pueblo se agarra a los lados de unas colinas que hacen de su calle principal el barranco que cruza el pueblo y que tiene hasta su Travesía. El agua marca el nombre y la historia de esta pequeña localidad que no llega a los mil habitantes que posiblemente acortó su nombre original. De hecho, su plaza con más encanto se llama Plaza del Valle de la Laguna.

El "portalillo" de la iglesia de la Asunción

La ruta de la vega es una bonita forma de saborear el entorno de Valdelaguna, de apenas cinco kilómetros. En dos horas podrás degustar los diferentes ecosistemas que rodean el pueblo: el agreste páramo, prácticamente pelado de vegetación, la verde vega del arroyo Veguilla y del monte de pinos y encinas al que mira el pueblo en el que se encuentra la cueva de la Mora Encantada. Ni que decir tiene que hay innumerables rutas, perfectamente indicadas en la web  del Ayuntamiento de Valdelaguna.

En la senda de la Vega.

Asociación de mujeres “El Valle”

Muchísimas felicidades para la asociación más activa del pueblo que desde hace tres décadas fomentan solidaridad, ayuda y cultura en el medio rural. Mujeres que desde hace 30 años reivindican con su existencia el papel de la mujer en el medio rural. La representación de la Casa de Bernarda Alba será uno de sus homenajes. Sirva este post también para ello.

Lo escribo de corazón, este pequeño pueblo de la Comarca de las Vegas ha sido todo un descubrimiento por todo lo relatado: acogedor, con encanto y un entorno para adentrarse en él.

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