Propongo a Orusco del Tajuña para un estudio sobre los niveles de colesterol y azúcar en la sangre de sus habitantes. Está como Madrid capital apenas a 600 metros sobre el nivel del mar, alcanzando los 800 como altura máxima. No os fieis porque esos doscientos metros de diferencia se suben de una tacada.
Mientras ascendía por sus empinadas calles no pude quitarme de la cabeza a los vecinos que tuvieran que subir un par de veces al día a sus casas. Yo solo lo hice hasta la plaza del Ayuntamiento (mi reloj marcaba 18 pisos subidos), con parada incluida en el Bar Castilla de la calle Mayor para tomarme el reparador café de una mañana fría de invierno. Seguro que si os cuento que en Orusco hay una calle que se llama “de La Amargura” (por los pasos de la Semana Santa y por su pendiente) y un camino al que le dicen de “la buitrera” os hacéis mejor a la idea de los desniveles que hacen del pueblo una pista de entrenamiento para deportistas de élite.
El agua en el origen de todo
El nombre del pueblo tiene un origen incierto, pero parece que todos los estudios conducen al agua y de eso saben un poco en este lugar de Las Vegas. Casi detrás de cada cuesta hay una fuente o un pilón en el que reponer fuerzas. Los manantiales que surtieron de agua al Tajuña también lo hicieron con los orusqueños durante siglos y lo siguen haciendo. Un agua tan rica que dicen por aquí han dado fama a los productos de su huerta, especialmente a la de los tomates. Habrá que probarlos.
Llegué a Orusco desde Carabaña siguiendo la Vía Verde del Tajuña y escalando hasta el puente sobre el río en la carretera de Brea del Tajo. El pueblo se impone a los lejos sobre las colinas que lo albergan. El olor a tomillo me ha acompañado durante los siete kilómetros que he recorrido a la vera de la escarcha que una mañana más ha teñido de blanco el verde de la vega y del campo.

En Orusco todo sube
Teniendo en cuenta la ubicación del pueblo no es de extrañar que algunos de sus atractivos estén en las alturas: la ermita de Nuestra Señora de Bellaescusa Coronada, patrona del pueblo. Se cuenta que el templo fue erigido en el siglo XIII en el mismo lugar en el que unos anacoretas vieron cada amanecer durante muchos años la preciosa Vega del Tajuña. Otra de las subidas con unas vistas alucinantes tiene su final en el Mirador del Cristo. Todavía son mejores las que podréis ver si subís hasta el Mirador de las Pilas con vistas también al barranco del Peñón.
Subir, subir y subir, no queda otra en Orusco del Tajuña, pero merece la pena. En mi paseo pude observar que es un pueblo alcarreño encalado, limpio y con encanto. Sin duda volveré para caminar las sendas que nos anuncia el ayuntamiento en su web, especialmente la del Tren de los 40 días, también conocido como el de los “rojos” o el tren de Negrín.


