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‘La ley de la calle’: “el chico de la moto” reina, pero Coppola se queda en príncipe.
‘La ley de la calle’: “el chico de la moto” reina, pero Coppola se queda en príncipe.
El cumpleaños de las películas

‘La ley de la calle’: “el chico de la moto” reina, pero Coppola se queda en príncipe.

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La verdad que hacía bastante que no veía una de Francis Ford Coppola. Así que, qué mejor que volver a retomar esta sección con una película suya. Esta es “Rumble Fish”, conocida en España como “La ley de la calle” y que cumple ya 40 años. No me arrepiento de la elección, pero me ha dejado con una sensación un tanto extraña. Y eso que el plano final con el que finaliza la historia es de los mejores que he visto en mucho tiempo. Sin embargo, por lo que he podido leer, se trata de un film cuyo público no entiende de términos medios. Traduzco: o te encanta o te aborrece. Bien, pues yo voy a inaugurar la sección de los que se quedan en tierra de nadie. No sería justo ni catalogarla de obra maestra olvidada ni de mojón filosófico.

Estrenada en 1983, “La ley de la calle” está basada en la novela de la escritora estadounidense Susan E. Hinton, autora también de otra obra que Coppola llevaría a la pantalla ese mismo año, “Rebeldes”. Ambas un tanto olvidadas hoy en día, probablemente por la escasa repercusión que tuvieron en su estreno. En el caso de la que hoy escribo sospecho el porqué.

No me gustan demasiado las películas en las que uno tiene que estar intuyendo constantemente todo. Creo que el espectador debe entender el mensaje del relato que está viendo y no tener que bucear para encontrarlo. En este caso me ha pasado eso, pero sin llegar a molestarme en exceso como sí lo han hecho otras cintas más pretenciosas. Entiendo lo que Coppola me quiere contar, pero no sé si es todo.

La trama gira entorno a Rusty James, un chaval tan atrapado como esos peces que al final consigue liberar. Un adolescente lo suficientemente mayor para meterse en peleas, pero no para saber encontrarle sentido a su vida. A su lado está su hermano, el famoso “chico de la moto”, interpretado por un hipnótico y comedido Mickey Rourke, leyenda de una época destruida por la droga en la que las bandas callejeras lo eran todo.

Rusty, cuyo mayor miedo es quedarse solo, dice añorar eso, pero lo que en realidad añora es la lealtad y la unidad. Valores que había entre los jóvenes y que la heroína se llevó por delante. Su hermano, al que intenta emular, será el encargado de hacerle ver eso y el motivo de su regreso. Hacerle ver que no debe imitar su trayectoria y sí salir de aquellos barrios y aquellas calles en los que no va a encontrar nada. Ver el mar que él no ha conseguido ver.

Esa es mi lectura de la película, pero, como digo, creo que Coppola emplea una narración demasiado abstracta y lenta en ciertos momentos que puede llegar a desubicar al público, haciendo surgir la duda de si el director pretende contar algo más. Sin embargo, esta es la única pega que le encuentro, porque por lo demás se trata de una obra muy fiel a la novela. Conforme la voy visionando es como si estuviera leyendo de nuevo el libro. El blanco y negro y las interpretaciones de Rourke y Dillon hacen que te sumerjas en la atmósfera de Susan E. Hilton. Aspecto que valoro bastante, ya que no siempre sucede esto en las películas que provienen de obras literarias.

En resumen, soy consciente de que mi crítica puede sonar a que estoy hablando de un quiero y no puedo, pero para nada es así. Es un film que merece ser revisado. Primero porque está de cumpleaños, y segundo porque es de Francis Ford Coppola que, aunque esta vez se quede solo en príncipe, no debemos olvidar que al igual que el “chico de la moto”, en su momento reinó con el Padrino.

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