Muchas sonrisas y una derrota muy digna de los locales ante el Valencia en Copa del Rey.
Quizá lo más bonito de todo ocurrió unos cuarenta minutos antes de que Melero López usara por vez primera su silbato para ordenar el inicio del encuentro. Fue casi mágico ver salir a la plantilla del Parla Escuela a calentar, que pudieran ver ya un campo prácticamente lleno y ver sus sonrisas y sus caras de ilusión. Sabían, y así empezaron a disfrutarlo, que era una noche que no van a olvidar en su vida.
En las gradas un ambiente más festivo que futbolero. Muchos padres con hijos, familias enteras, que querían disfrutar de un equipo de Primera frente al equipo que juega a pocos metros de su casa. Un campo, el de las Américas, con un veterano césped artificial que se ve perfectamente desde la avenida por la que pasan miles de coches cada día. Muchos vecinos no volverán a ver el campo de la misma forma tras lo ocurrido anoche. “Aquí jugó el Valencia” recordarán.
De fútbol, poco. Antes un silencio total en un minuto –o algo más- para recordar y apoyar a los valencianos afectados por la dana. A las víctimas mortales, y también a los que no han fallecido pero sufren cada día una buscando una vuelta a sus vidas que va a ser larga y difícil.
La diferencia en categorías -siete- entre un equipo y otro se hizo evidente durante todo el partido. Dijo Baraja en la rueda de prensa que no le había gustado el comportamiento de sus jugadores, y que se vieron superados en algunos momentos por el Parla Escuela. Es cierto que los locales se dejaron los pulmones desde el primer minuto en el enfrentamiento, y que ganaron muchos más duelos individuales de los que deberían por su nivel en el duelo. Y que al Valencia, como suele ocurrir, todo en Parla parecía resultarle incómodo. Pero el Parla Escuela solo tuvo dos o tres disparos a puerta cómodamente detenidos por Dimitrievski, mientras Nando, el portero local, tuvo que sacar al menos tres balones muy peligrosos a sendos disparos valencianistas.
No se había cumplido el minuto 20 cuando el Valencia se puso por delante. Una falta y un lanzamiento por el lado de la barrera con el suficiente efecto para que el portero Nando viera el balón tarde. Con poco esfuerzo los de Baraja ya estaban por delante, pero no se esforzaron demasiado en aumentar la ventaja para garantizarse pasar a la siguiente ronda. En el lado visitante, pérdidas de tiempo de Dimitrievski y un intento de control de juego poco eficiente. Y los nervios finales ante la posibilidad de que un rebote pudiera llevar la alegría a equipo y afición local. No ocurrió, el partido terminó con ese 0-1 que lleva al Valencia a la eliminatoria siguiente y al Parla Escuela a su realidad. Pero con una enorme sonrisa en la cara, y el orgullo de haber cumplido con un partido y un resultado más que digno.


