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Brihuega sin lavanda

Pueblo del Maestro Manu Leguineche y uno de los que adoptó a Cela en su caminar por uno de los lugares más especiales de España. Brihuega recibe la visita de miles de personas desde los inicios de la primavera y hasta agosto que es la época del año donde el color violeta hace que sus campos sean de los más admirados de nuestro país. Afortunados los que pueden verlos, olerlos y vivirlos en esa plenitud.

Curiosamente, los campos de lavanda más famosos se encuentran a un buen paseo del pueblo; uno a 3 kilómetros en la carretera de Sigüenza y el otro, en el que se celebra el famoso festival, a 9 kilómetros en dirección a Solanillos del Extremo. Esto hace que muchos de los visitantes de los atardeceres púrpuras no tengan la curiosidad, ni la necesidad de pasear, caminar, deleitarse con un pueblo, Brihuega, que merece una visita, con o sin lavanda. Cualquier época del año te dará una luz y unas condiciones climáticas que harán de tu visita una experiencia única, perfectamente asesorados por la diligente y simpática responsable de la información turística del municipio.

Camilo José Cela lo puso en el mapa con su Viaje a la Alcarria y su Nuevo viaje a la Alcarria en el que nos descubre “un país” inédito donde el agua, la montaña, las mesetas y sus extremos lo hacen bello. Ahora son Brihuega y la Alcarria, aunque parezca increíble, las que descubren al Nobel de literatura a las nuevas generaciones.

Iglesia de Santa María en el Castillo de Peña Bermeja

Brihuega sin lavanda en una jornada

Oferta gastronómica para todos los gustos y presupuestos: cocina elaborada o unos huevos fritos con chorizo en El Duende. Para los que, como yo, lo primero que hacen cuando llegan a un lugar es ubicar la panadería, pueden estar tranquilos. En pocos lugares hemos visto tal provisión de panes, magdalenas, bollos, tortas, tortos, rosquillas, rosquillos… Si entras en Panificadora Cepero date por perdido. Un homenaje para la Castilla del trigo.

En la panadería siempre podrás aprovisionarte o reponer fuerzas de tu visita a Brihuega que, junto con Atienza, Sigüenza y Pastrana, uno de los puntos cardinales del medievo y renacimiento alcarreño. Entrar por la puerta de La Cadena o por el Arco de Cozegón es adentrarse en la historia de España resumida en tres de sus grandes pilares: cristiano, moro y judío. 

Paseos que unen estilos arquitectónicos en castillos, conventos, iglesias y casas, o como San Simón, las dos cosas a la vez: casa e iglesia. Levantada sobre la mezquita, este templo mudéjar estuvo oculto durante más de un siglo y su ábside bien pudo ser el salón de un paisano. En 2004 la descubrieron tras las fachadas derribadas de algunas viviendas y ahora se ha convertido en uno de los reclamos de la villa. Como lo son su quesería tradicional o la venta de miel que nosotros compramos en Apícola Moreno, muy cerca de la protogótica y, especialmente, hermosa Iglesia de San Miguel. Esto es parte de Brihuega sin lavanda, pero hay más.

Plaza del Coso con San Simón al fondo

Pasea por el entorno de Brihuega

No pretendo hacer un recorrido de las maravillas que ver en Brihuega, Plaza e iglesia de San Felipe, Castillo, plaza de toros asimilada a él y a la muralla, algo que no hemos visto nunca, la Real Fábrica de Paños, ahora hotel balneario de lujo… porque para eso está la oficina de turismo y un plano más que detallado. Lo que pretendo es escribir que Brihuega sin lavanda, que hace menos de medio siglo no existía en el lugar, merece nuestra visita. Villa de batallas, por la Sucesión de la Corona y la de Guadalajara en la Guerra Civil, de jardines escondidos y rincones para el recuerdo.

Pueblo con río aunque, como el Manzanares, corra a su espalda, el Tajuña. Vegas y huertas. No dejes de pasear por el entorno de Brihuega, siguiendo su curso o por el Camino de Cozegón hasta la ermita de Santa Ana. Lo harás envuelto en olor a tomillo, espliego, jara y romero. Son los olores de Brihuega sin lavanda.

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