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El Real Valladolid tira de bravura, pero no encuentra el brío
El Real Valladolid tira de bravura, pero no encuentra el brío
Jª 16.- Real Valladolid 0-0 Rayo Majadahonda

El Real Valladolid tira de bravura, pero no encuentra el brío

La lluvia protagonizada en Valladolid terminó por calar al Real Valladolid y Rayo Majadahonda. Gota a gota que hace que la ropa te pese más, que reduce la visibilidad y que termina por enfriar el cuerpo. Por intensidad no fue, pero si se notó la poca elaboración de ambos conjuntos, más preocupados en el juego directo que por hilvanar jugadas. Manu Olivas tuvo que hacer malabares para confeccionar su once. Sin Aranda, Arnu, Samu, Víctor y Neira, llamados a filas para disputar el encuentro con el Real Valladolid Promesas de 2RFEF, y las ausencias de Cristian y Peña, el técnico blanquivioleta seleccionó a Samu como guardián de la portería, con Galde y Bonilla como centrales, Hugo San en el lateral izquierdo y Yago Rodríguez en el derecho. La medular fue para Tomy, Diego y Thiago, mientras que Pascu se escoró a la derecha y Vaquero ejerció de extremo izquierdo. Jorge fue el elegido para formar parte en la punta de lanza.

El ritmo pausado y la disposición contemplativa fue desechada por ambos escuadrones desde el inicio. Hubo tensión y disputa, pero no clarividencia en el área. Fue coger el esférico, levantar la mirada y enviar balones largos buscando la espera de los zagueros. Bonilla, que se estrenaba en el eje de la zaga con Galde, se erigió en líder alzando la voz para ordenar a los suyos. El central mantuvo el catalejo sobre Samu. Tan solo le faltó ponerle las esposas para que el delantero estuviera completamente atenazado. Izan engrasó la pierna para protagonizar el primer disparo a portería que atajó Samu. En esas, Ángel y Batán buscaron con sus subidas por banda derecha encontrar las cosquillas de un Hugo San bien plantado, que dobló sus esfuerzos en cerrar espacios y mantener la compostura firme.

En ese cruce de ofensivas apareció Galde con su atrevimiento. El central se anticipó, agarró el balón y se fue con su escudo al frente de ataque. Escorado a la derecha, dribló a un zaguero majariego, con temple y calidad y depositó el balón en el área. Allí lo cazó Thiago que erró en emplear su pierna izquierda. Acto seguido, el mismo Thiago tuvo que abandonar el terreno de juego debido a un choque, que dejó al mediocentro convaleciente con muestras de dolor. La lesión del uruguayo enfrió al Real Valladolid y obligó a Manu Olivas a cambiar a uno de sus peones. Salió Arco para ocupar la posición de central y Bonilla adelantó su posición a la medular. Ese aturdimiento bien pudo aprovecharlo Samu tras recibir un buen centro de Guille, pero no acertó en rematar con contundencia.

 El Real Valladolid careció de la elaboración de las jugadas. Cuando en las cocinas uno de los chefs falla, se suele notar. Fue el caso de la ausencia de Víctor y la inusual escasa presencia de Pascu, que no pudo desplegar su juego. Esa lucidez que faltaba en ataque fue solventada con la solidez defensiva liderada por Galde, siempre bien plantado, y el incombustible Hugo San, con su soberbio carácter férreo. Cuando el descanso acechaba, las ocasiones comenzaron a diluviar. Primero en una falta botada de Vaquero. Illia paró y el rechace le cayó a Galde, que, en un mar de piernas, disparó topándose de nuevo con el portero majariego. Luego fue Bonilla en un córner, quien emergió en el área para rematar de cabeza. Pero el Rajo Majadahonda también pudo llevarse el gato al agua en la última acción de la primera parte. Ángel agarró el balón sin dejar que el Real Valladolid se ordenara y metió un centro al que Aaron mandó fuera.  

Hugo Calvo, de la generación del 2007, se abre paso

La inercia del partido prosiguió por los mismos lares. La actuación de Illia continuó atajando una falta medida de Vaquero. Era difícil encender la chispa cuando diluvia y eso lo quiso cambiar Jesús Arribas con la entrada de López y Sergio. El conjunto majariego lo notó y comenzó a inquietar a los blanquivioletas, con varios acercamientos peligrosos.

Al Real Valladolid le pesaban las piernas y Manu Olivas respondió con un doble cambio para reanimar el juego, buscando más la elaboración anhelada. Flores pasó al extremo izquierdo y Hugo Calvo relevó a un Jorge incómodo durante todo el encuentro. Esa savia nueva quiso aprovecharlo el Real Valladolid con un seco disparo de Tomy tras recoger un rechace, pero Illia se mostró inquebrantable. La lluvia arreció y la fluidez no llegó. Hugo Calvo no pudo llegar a un centro de Flores por centímetros y el córner botado por Aaron se paseó llorando por el área. El empate no entraba en las cábalas de ninguno de los dos conjuntos y al final se tuvieron que conformar con ello. Hubo bravura e intensidad, pero faltó ese brío que nunca llegó a aparecer.

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